Cantos ajenos III

11 de noviembre de 2017 12:00 AM

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

Siempre, al menos en el Caribe colombiano, ha habido quien regale o venda canciones a personas que quieren aparecer como compositoras, pero creo que ninguna década como la del 70 generó tantos autores ficticios, quienes iluminaron el cielo musical por un instante y luego desaparecieron para siempre.

Me refiero específicamente a la época del contrabando de marihuana, llamado, de manera informal, “La bonanza marimbera”, cuyos capos encontraron en el patrocinio de los conjuntos vallenatos modernos una buena forma de invertir sus pesos, algunos de los cuales caían en los bolsillos de famosos compositores, quienes no lo pensaban dos veces cuando les proponían vender una canción escuchada en una parranda; o cuando les encargaban que compusieran un paseo o merengue (jocosos o románticos), para que fueran grabados por uno de esos grupos de moda.

Los regalos de los compositores ficticios iban desde dinero en efectivo, pasando por camionetas o vacas, hasta terminar en viviendas o fincas, con los cuales se les componía la vida a muchos como jamás lo hubiesen logrado con sus canciones.

Luego, el presunto compositor solo tenía que preocuparse porque “sus canciones” llegaran a los estudios de grabación, gestión en la que también mediaban las dádivas, en efectivo o en especie, las cuales igualmente penetraban los medios de comunicación, sobre todo la radio, que era por antonomasia la instancia comunicacional más expansiva de aquellos calendarios.

Pero las sospechas no surgieron en ese mismo periodo, sino mucho después, cuando la bonanza marimbera decayó de un todo y empezaron a recordarse canciones que habían cobrado inusitado éxito en los setenta, algunas de las cuales quedaron como clásicas del vallenato moderno, pero sus supuestos autores nunca más aparecieron en la palestra como tales.

Incluso, algunos compositores boquiflojos, a pesar de que les habían pagado, revelaron el verdadero motivo de la parálisis artística de los mafiosos, y tal vez fue así como también se conocieron las anécdotas de un productor perteneciente a una prestigiosa casa disquera, quien ponía como condición, a quienes quisieran ser sus artistas exclusivos, que en cada ‘’Long Play’ debían aparecer una o dos de sus canciones.

Personalmente conocí el caso de un antiguo capo marimbero, quien después de gastarse parte de sus monedas promocionando parrandas, conciertos y trabajos discográficos de sus conjuntos preferidos, terminó siendo el mandadero de uno de esos grupos musicales, donde de vez en cuando lamentaba no haber sido un compositor real para seguir escribiendo y recuperar siquiera la mitad de lo que se gastó fingiendo ser un auténtico creador.

*Periodista

RUBÉN DARÍO ÁLVAREZ P.*
ralvarez@eluniversal.com.co
 

TEMAS

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Columna

DE INTERÉS