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Carnaval allá y, ¿cuándo acá?

ALBERTO ABELLO VIVES

PERIÓDICO DE AYER

Por: ALBERTO ABELLO VIVES

6 de Febrero de 2016 12:00 am

Hoy 6 de febrero la batalla de flores inicia “oficialmente” los cuatro días de jolgorio del carnaval de Barranquilla. Pero desde el 7 de diciembre, cuando se alumbró nuevamente la Inmaculada Concepción de María, sonaban los pitos anunciando que el carnaval estaba cerca. Esa ciudad se pone guapachosa con muchas ganas de tener carnaval todo el año. Si pudieran lo harían; no cesan de moverse entre la tradición y la innovación para ampliar el placer currambero con desfiles, verbenas y festejos por toda la ciudad. Las casas, los autos, los árboles, las esquinas, todos se visten para la fiesta. Qué decir de su gente: orgullo, alegría, apropiación del espacio público, desparpajo, rumba. Meses de preparación para llorar a Joselito el martes y aquietarse el miércoles con la ceniza en la frente.

Aquí, en cambio, la historia ha sido otra. De prohibición en prohibición se han querido extinguir los festejos populares de noviembre en conmemoración de la independencia de Cartagena, que desde el siglo XIX fueron dejando a un lado lo marcial e institucional para darle paso a las expresiones surgidas en tiempos de carnaval durante la colonia. Prohibidos en algún momento los tambores y cabildos, la cumbia y el mapalé, el capuchón y la champeta, ¿qué queda? Esa ha sido la receta cartagenera para las fiestas.

Si se considera que las músicas populares son estridentes y los disfraces, de animales salvajes, ¿qué queda? Si se piensa que las fiestas afectan la productividad económica, ¿qué queda? Si un desfile folclórico se cambia por un desfile militar, ¿qué queda? Si finalmente, ante el despojo, la gente organiza sin apoyo sus propios jolgorios en los barrios y surgen carnavales, comparsas y bandos que los gobiernos desconocen, para finalmente en una noche de 11 de noviembre en la calle 11 de noviembre sacar un escuadrón antimotines y disolver el festejo, ¿qué queda? La gente, aquella noche, pensó que era una estupenda comparsa, pero los gases lacrimógenos no fueron Maizena y disolvieron la multitud por orden del burgomaestre de turno.

El carnaval de Barranquilla llega en tiempos de brisas. En Cartagena, las brisas refrescan la nueva administración de la institución rectora de la cultura. Soplan nuevos vientos y se ha producido un giro sustancial, positivo, en el discurso oficial sobre las fiestas de Independencia y la concepción de cultura que regirá las políticas de este gobierno. Mientras toman cuerpo las nuevas directrices, que seguramente reconvertirán la mediocre gestión anterior, es válido soñar con un carnaval aquí, donde nacieron muchas de las expresiones que hoy admiramos de Barranquilla. Que las Fiestas de Independencia sean un carnaval novembrino, entre el mar y la muralla, único en el mundo. Eso es posible. Daría la vida por ello.

albertoabellovives@gmail.com

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Comentarios

No es accidente!

Las cosas que suceden en esta ciudad, a veces parecerian accidentes pero en realidad no lo son. Cuando yo era nino habia Carnaval el 11 de Noviembre y tambien participaban danzas y maestranzas diversas y recuerdo entre ella los bandos de negros, generalmente unos negros que encima se pintaban con una especie de betun negro, blancos que participaban en la danza, las maestranzas, las danzas indigenas en la que los bailarines giran alrededor de un poste que van tejiendo con cintas a medida que lo circundan. Pero estas actividades no requerian control de la elite cartagenera que siempre ha sido tan ciega, que no tuerta que seria un elogio. Les parecia mal el alboroto de los tambores, quiza todavia asustados del tantan por los recuerdos de las historias contadas por sus abuelos que esos mismos instrumentos sirvieron para organizar la degoyina de blancos en Haiti. La prueba de esa actitud es que un reciente alcalde de Cartagena, cuyo nombre no quiero recordar, colocó una placa en conmemoración de los soldados ingleses que cayeron durante el sitio que el Almirante Vernon puso a Cartagena. De ese tamano es el desproposito que nos orienta. Por eso cada dia vemos una especie de empujar y lucimos ya como una ciudad que se ofrece a cualquier extrano y si es blanco y con platica mucho mejor. Mientras tanto a nuestros raizales, especialmente a los negros que son la mayoria, los empujamos a zonas inhabitables y hemos llegado al desequilibrio de prohibirles pasear en coches como cualquier turista en la zona amurallada. Es seguro que George C. Wallace el gobernador de Alabama que dijo "segregación hoy, segregacion manana, segregacion siempre" se sentiria en casa en la Cartagena de hoy.