Castillos de arena

12 de junio de 2018 12:05 AM

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Cuando hablamos de la inseguridad en Cartagena, lo primero que se nos viene a la mente es la ausencia, complacencia e ineficacia de la fuerza pública, con la percepción globalizada que casi siempre aparece después de los hechos. Sumado a ello, encontramos las decisiones de los jueces sobre muchos capturados que reciben libertad tras malos procedimientos o se benefician de la casa por cárcel.

Esta confrontación sucedida entre percepción y realidad, entre el deseo y la métrica que se vive a diario, culmina en sentirse seguros solo por el número de capturados o abatidos que generan en la gente una gran esperanza por las acciones efectuadas; no obstante poco se profundiza en las estadísticas y en el verdadero plan de trabajo que garantice a nuestras generaciones un mejor vivir.

Los alcaldes y funcionarios que tienen la responsabilidad de coordinar y articular para atender los problemas de este orden y hacer que nuestros ciudadanos se sientan seguros, implementan propuestas como incrementar el pie de fuerza en eventos, aumentar patrullajes, emitir decretos de prohibición al consumo de alcohol y eliminar el parrillero en sectores más vulnerables, como también decir que se actuará con mano dura para quienes delincan.

Sin embargo, nos olvidamos que existen las estadísticas  para lograr el propósito de la seguridad y atacar sus verdaderas causas, de tal manera que con los planes remediales y las acciones de mejoramiento como la eliminación del parrillero, los casos de delincuencia barrial en Cartagena no han disminuido. La inseguridad según el Cosed, es una consecuencia de condiciones de vida adversa como la ausencia de trabajo, maltrato físico y psicológico, consumo de drogas, prostitución, hambre, exclusión, deterioro ambiental y olvido, entre otros.

Los informes de la Policía y Medicina Legal son fiables y permitirán junto a los reportes de las ONG y centros de estudios, constituir el Sistema de Gestión de Seguridad, proceso que se inicia con la aplicación de la métrica a la política pública referenciando quiénes constituyen las pandillas y quiénes se acogerán al programa público-privado “Gestión interna de seguridad para Cartagena”, que contempla la inversión social mixta con la empresa privada, como la construcción de centros para la rehabilitación y gestión laboral de los tratados y calificados con éxito.  Una ciudad como Cartagena, rotulada en el orden nacional e internacional con los titulares de  asesinatos, riñas barriales, estafas y abuso a turistas, ¿de qué manera sostendrá en el tiempo la calidad de sus visitantes? O por el contrario, ¿incrementará el destino para el consumo y la prostitución?

La percepción de esta capital se ha deteriorado y se va a deteriorar más por dos causas. Una estructural, por el deficiente aparato de justicia y su altísima impunidad, y la otra, a raíz de la inexistencia de un plan de inversión social dotado de centros médicos rehabilitantes y centros carcelarios dignos. En verdad, sí hay mucho por hacer.

*Concejal de Cartagena
 

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