CEER, 20 años investigando

08 de septiembre de 2017 12:00 AM

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Hace 20 años, en la Universidad Tecnológica de Bolívar asistí, siendo estudiante, a la presentación del trabajo “Café Caribe: La economía cafetera en la Sierra Nevada de Santa Marta”, del economista samario Joaquín Viloria. Ese fue el primero de 259 documentos de trabajo sobre economía regional y urbana que desde entonces ha producido el Centro de Estudios Económicos Regionales (CEER) del Banco de la República.

Para la fecha, otro ‘think tank’ abrió sus puertas, el Observatorio del Caribe Colombiano, y otras instituciones como las universidades Tecnológica de Bolívar y Jorge Tadeo Lozano, la ANDI y la misma Cámara de Comercio, crearon sus propias unidades de investigación, la mayoría de las cuales subsisten. Estos centros fueron -y siguen siendo- semillero de un notorio grupo de académicos y profesionales influyentes que hoy brilla con luz propia en Colombia y fuera del país.

Algunos de estos centros sobreviven a las limitaciones de capacidad y financiación; por el contrario, y para bien de la región y el país, el de mayor consistencia y productividad ha sido el CEER. Su trabajo de investigación sobre fenómenos locales y regionales nos ha ayudado a comprender la naturaleza de nuestro atraso económico y social. Por medio de sus trabajos hemos conocido la realidad de Cartagena, de otras ciudades capitales y de la región Caribe. Su generosidad ha sido visible con su trabajo mancomunado con no pocos centros e investigadores de la Costa y la Nación.

La consistencia del CEER contrasta con la inestabilidad política en nuestras ciudades, en especial la de Cartagena, que en estos 20 años completa más de una docena de alcaldes. Si algo nos caracteriza es la débil incorporación de los aportes de investigadores económicos y sociales a los procesos de planeación. Tomando de ejemplo al CEER, en los últimos dos planes de desarrollo tan solo aparece una referencia de alguna de sus publicaciones.

Sin duda, uno de los mayores retos en los próximos 20 años será el de articular las capacidades científicas y de investigación con el diseño y la evaluación de las políticas públicas locales. No más en la lucha contra la pobreza se han invertido desde hace 10 años más de US50 millones cuya eficacia desconocemos.

A Cartagena le iría bien si, en vez de acudir a las creencias de sus fugaces dirigentes, se esfuerza por conformar una tecnocracia que provea juicio y estabilidad. El mejor consejo a cualquiera que se interese en dirigir la ciudad es que se apoye en instituciones competentes y estables que, como el CEER, han aportado a identificar las salidas a los graves problemas que vivimos.

 

 

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