Chambonería distrital

27 de abril de 2016 12:00 AM

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Cuando al exalcalde de Cartagena, Dionisio Vélez Trujillo, se le ocurrió que Transcaribe debía empezar a funcionar en sus últimos días de gobierno así faltaran puentes peatonales, la chatarrización de las busetas y la ejecución de un plan de semaforización, la mayoría de los cartageneros comprendimos que a nuestra ciudad la administran políticos flojos, tercos e inoportunos a los que les cuesta planificar.

En aquel entonces Dionisio, con sus decisiones rápidas y su obstinación sin precedentes, sumió a Cartagena en el peor caos vehicular que se le ha visto en la última década sólo por querer iniciar a la fuerza un sistema de transporte masivo que aún hoy adolece de la infraestructura adecuada para funcionar.

Pero claro, esta es la ciudad en donde las obras y los proyectos se tienen que hacer a como dé lugar, poco importa si quedan mal hechos o afectan a la comunidad. Lo esencial es terminar, gastarse la plata de los contribuyentes y dejar cualquier cosa para el futuro, así sea un monumento a la mediocridad.

Hay una palabra para todo esto: chambonería. Las decisiones se toman sin medir sus alcances y sus consecuencias.
Esto es lo que recientemente está ocurriendo con la última restricción del alcalde, Manuel Vicente Duque, para el transporte público en el barrio Crespo, al norte de la ciudad. Los buses que vengan desde la Boquilla con dirección al Centro Histórico y al suroriente de Cartagena ya no podrán circular por Crespo sino que deberán hacerlo a través del nuevo túnel que bordea el mar. Con esa medida cientos de empleadas domésticas, estudiantes universitarios, colegiales, madres cabeza de familia y trabajadores independientes –no sólo de Crespo sino de Lemaitre, Crespito y Santa María– están obligados a caminar enormes distancias para acceder al transporte público. Algunos, cuya ruta era cubierta por un solo bus, ahora tienen que pagar doble transporte.

El motivo de esta prohibición es, según el DATT, descongestionar la vía principal de Crespo. Y hay que reconocer que el alcalde y su gabinete ya pensaron en una solución: serán los buses alimentadores del SITM los que recorrerán la avenida y se encargarán de llevar a los pasajeros a la estación más cercana.

Pero aquí volvemos a la chambonería. Resulta que los alimentadores no estarán disponibles sino entre quince y veinte días después de haberse impuesto la prohibición. Esto sólo puede significar una de dos cosas: 1) “Manolo” no tiene idea de lo que es planificar. O, 2) No le importa el bienestar de sus ciudadanos, algo bastante raro, por ser él un tipo cuyo lema de gobierno ha sido siempre Primero la Gente.

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