Colombianas: ¿exaltadas o degradadas?

26 de abril de 2012 12:00 AM

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Colombia está lleno de mujeres valerosas, en promedio más educadas que los hombres; asumen una tercera parte de la jefatura de los hogares; levantan sus hijos en una sociedad llena de padres ausentes; asumen no sólo todo el cuidado de sus hogares y familia sino que reemplazan al Estado en muchas labores y lo hacen sin remuneración y sin reconocimiento; entran al mercado laboral a pesar de que las discriminan, las acosan sexualmente, les pagan poco. Como si lo anterior no fuera suficiente para rebelarse, les pegan, dañan la vida con ácidos, en fin, sufren como pocos seres humanos todo tipo de violencia.
Pero además, cumplen con dos de esos requisitos que toda sociedad patriarcal o moderna les exige, que sean lindas y buenas madres. Resulta que ahora lo que se destaca es su gran atractivo como prostitutas o "fufurufas", ¿el término de moda? Algunos columnistas hablan de defender sus derechos, de lo bien pagada que resulta esa profesión, pero especialmente las columnas de los hombres, dejan la sensación de que a esta profesión dura se llega por placer, ambición y se olvidan sus raíces. Desafortunadamente, la modalidad de las "niñas pre-pago" ayudaría a sustentar esta visión, pero no para la gran mayoría. 
Cuando se analiza el caso de muchas de estas mujeres, la verdad es que la pobreza, el abandono, la falta de otras oportunidades, el ser madres de hijos de padres ausentes, las ha llevado a esta actividad llena de peligros. Las sumerge en ese bajo mundo en que nadie voluntariamente quisiera estar. En esta sociedad a ellas se las juzga, pero pocas veces se plantea que los hombres tienen una gran responsabilidad por su manera de concebir el sexo, aislado de todo sentimiento noble, vinculado tan sólo a la pasión momentánea. Así lo plantea en un buen artículo en El Siglo, María Andrea Nieto Romero.
Las dimensiones de la prostitución en Colombia, que ha puesto al país como centro deseable de turismo sexual, plantea un tema claro: vamos a exaltar a la mujer de nuestro país o vamos a contribuir a denigrarla. Si ahora la prensa nacional e internacional se encarga de volver heroínas y ricas a estas jóvenes, que llegan a esta situación en la mayoría de los casos por carencia de oportunidades, de afecto de alternativas mejores, se estará estimulando la más denigrante de las profesiones. Pero si por el contrario se reconoce que es su abandono, el predominio de valores patriarcales, pero sobretodo, la pobreza y la miseria la que crea el clima propicio para que nuestras jóvenes no encuentren otros caminos para su vida, se logrará la tarea necesaria de exaltarlas.
Una sociedad no está compuesta sólo de mujeres sino también de varones, que en el fondo las siguen viendo como meros objetos sexuales a los cuales no se les respeta ni se les valora como seres humanos. Y somos las mujeres que hemos tenido mayores oportunidades en esta Colombia desigual e injusta, las que debemos liderar estos procesos. Es parte de la deuda que el país tiene con las mujeres. Llegó la hora de empezar a pagarla.

cecilia@cecilialopez.com

*Rotaremos este espacio entre distintos columnistas para dar cabida a una mayor variedad de opiniones.

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