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Con mi corazón te espero

ROBERTO BURGOS CANTOR

Por: ROBERTO BURGOS CANTOR

5 de Noviembre de 2016 12:00 am

Ahora que murió Nelson Pinedo es difícil entender qué es su muerte porque no ha dejado de cantar. ¿Cuánta historia sentimental habrá alrededor de los boleros oídos o susurrados? Hay algo natural en los boleros para las gentes del Caribe. La mayoría lleva uno enterrado en el corazón, ese sepulcro de sentimientos vivos donde nunca mueren.

La complicidad con el bolero surge del enamoramiento o del deseo de padecerlo. ¿Se padece o se goza? Misterio de la vida que alimenta su interés y la riqueza de sus contradicciones.

Enamorarse es un primer instante de lo amoroso, cuando el bolero da voz a las turbulencias sin palabras, ansiosas de decirte lo que me funda. Después, aceptada y compartida la pulsión de amor, el bolero conmemorará. Arrebata a lo voluble del querer y a la polilla del olvido, la indiferencia de lo que nunca fue. Acuérdate de Acapulco. Mantendrá su guiño en las desolaciones de las ausencias irremediables. Dile a tu nuevo querer.

Rebelión y conformidad, escupe soberbia. Nadie te dará lo que yo te di es de una lógica perfecta, pero desliza algo más. ¿Reclamo o venganza? Quizá el bolero permita, en su anónima aventura, una forma de decir que no identifica con ruidosa desfachatez al destinatario. Propone una aventura común en la cual alguien se reconoce, alguien se sabe diciéndola.

Cabrera Infante aseveró que la poesía amorosa de Neruda venía de Lucho Gatica. Reloj no marques las horas, una abstracción de un desprecio escondido. Le pido al reloj y sé que tú me oirás.

Aunque los viejos boleristas son eternos, se abre paso una generación nueva. Tratan al computador con la misma confianza que a la luna. Allí Argelia Fragoso.

No sé si en el tejido que hace reconocible a todos los boleros esté el ritmo del mar, sus horizontes inalcanzables y esa forma de convertir en espumas ripiadas el fragor furioso de las olas.

Hay poetas que no se dejaron tentar por los boleros. Álvaro Mutis decía que eran el llanto mocoso del subdesarrollo. Desde su modernidad Alberto Duque López buscaba a Ignacio Vélez Pareja porque: él se sabe todos los boleros del mundo. Y Borges, sin condenar ni aceptar, los llamaría voces del lupanar.

Habrá que trazar la cartografía, desde Contreras y Rolando, el piano castigado y la voz rota de Alci Acosta, hasta las poderosas voces femeninas. Burke, Toña la Negra. Unos y otras con un delicioso impudor.

El Almirante se me antojaba parecido a Leo Marini. Supongo que barranquilleros y argentinos tienen un aguaje semejante. Gesticulan, se tocan el corazón. Al contrario de Barbarito Díaz, que se quedaba quieto y uno veía su voz.
*Escritor

BAÚL DE MAGO
ROBERTO BURGOS CANTOR*
reburgosc@gmail.com

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