Decálogo infalible para capar estudiantes

12 de febrero de 2018 12:00 AM

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1. Recuerde que en  el  aula de clase el rey es usted, la última y única palabra, y sus alumnos deben escucharlo en silencio, como se escucha al mensajero de los dioses del Olimpo.

2. Si está a cargo de admisiones, prepare cuestionarios asegurándole  los cupos a sus recomendados. Que nadie lo sepa, ni siquiera su conciencia.

3. Sancione en lugar de mediar, oféndalos en público e  infórmeles a sus padres, con pelos, odio  y señales, de todas las fallas de sus hijos, garantizando que, a los castigos del colegio, se le sumen en el hogar gritos y golpizas que marchiten sus bríos y su  dignidad.

4. Hágase el de la vista gorda con el temita de la “educación inclusiva” y opóngase a la presencia de niños y jóvenes con limitaciones físicas, sensoriales o mentales. Recuérdeles a ellos y a sus padres  que para eso existen escuelas especiales, aceptando, de una vez por todas,  que  “todo palo no sirve para cuchara.”      

5. Nunca baje la guardia con la disciplina y no tolere el mínimo error en búsqueda de la excelencia; valore el resultado del examen por encima del proceso de aprendizaje.

6. Si descubre señales de maltrato físico, emocional o sexual, guarde absoluto silencio y no se involucre, son problemas ajenos.

7. Póngales tareas largas y tediosas. Que no les quede  tiempo para  la  recreación, explorar el mundo y compartir con su familia. Solo los zánganos se distraen y reposan.

8. Absténgase de  hablarles de un ser Superior, tema peligroso y prohibido. No  reflexione en público  sobre  el respeto a las diferencias y la importancia de  enseñar con el ejemplo. Olvídese de los  locos esos  que predican la hermandad  y la solidaridad sin límite, frenando en seco a todo aquel que le comente, como si fuera su hijo, de sus intimidades y angustias. Para eso existen  los psicólogos.

9. Si descubre que  alguno de sus alumnos despunta por su liderazgo, exigiendo democracia, ¡aquiételo!, tiene patente de subversivo. Además, extinga todo destello de talento artístico, ridiculice a los fabricantes de  historias fantásticas, versos o melodías. Al colegio no se viene a soñar despierto  sino  a grabarse las tablas de multiplicar, las capitales de los departamentos, los triptongos y el teorema de Pitágoras.

10. Jamás olvide  que su sueldo, sus prebendas  y no su vocación de maestro,  son los bienes más preciados. A usted lo nombraron para dictar clases,  no para  garantizar que a sus alumnos les germinen sus propias alas y  salgan, por fin, de esta trinchera que heredaron de patria.

hvsagbini_26@yahoo.es

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