Demagogia y populismo

05 de diciembre de 2018 12:00 AM

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Durante su discurso de posesión, el presidente fue enfático: “Nos entregaron un país en quiebra”, “hoy no solo se inicia un nuevo gobierno, hoy comienza un cambio de régimen”. Cuestionó que el exiguo crecimiento del país se hizo a través del neoliberalismo y a expensas de generar abismales diferencias. Simplificó su plan de gobierno: “acabar la corrupción y la impunidad”. Se comprometió a “no robar y a no permitir que nadie se aproveche de su cargo o posición para sustraer bienes del erario”.

Prometió trenes, millones de hectáreas sembradas, rehabilitar refinerías, promover la educación, proteger las pensiones y apoyar a los damnificados. Además, canceló todo privilegio: no habrá servicio médico privado ni cajas de ahorro especial para altos funcionarios. Ningún funcionario viajará en aviones o helicópteros privados; prometió que venderá el avión presidencial; reducirá el sueldo del presidente, su sueldo, en un 40%; no comprará vehículos para funcionarios y reducirá en 50% la publicidad estatal.

Los ocho mil elementos del Estado Mayor que cuidaban al presidente y los agentes del espionaje pasarán a la Guardia Nacional. No vivirá en la residencia oficial, que se abrió al público como espacio de recreación, arte y cultura. Con humildad afirmó que “nada material me interesa ni me importa la parafernalia del poder” y que este “sólo adquiere sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás”. Por último dijo que “bajo ninguna circunstancia habré de reelegirme”. Lo anterior, que pudo ser dicho por cualquiera, fue el discurso de posesión del presidente de Méjico hace cuatro días.

En el 424 a.C., Aristófanes uso por primera vez la palabra demagogia en la comedia “Los caballeros”. Él, y Aristóteles, la usaron como una “guía política”. Luego se volvió un término peyorativo que expresaba una forma inadecuada de hacer política. Según Aristóteles el demagogo era un “adulador del pueblo”, de los estratos más humildes y vulnerables a falsas promesas. Cleón, el demagogo de la literatura griega, era quien primero gritaba, injuriaba y arengaba al pueblo. Así, la demagogia es una estrategia para conseguir poder apelando a prejuicios, emociones, miedos y esperanzas, para ganar apoyo popular usando la retórica, la desinformación y la propaganda.

Demagogia y populismo se usan para: desorientar a las masas para su propio fin y generalmente instaurar un régimen autoritario, represivo; justificar golpes de Estado e imponer sistemas no democráticos; manipular publicidad, personas y recursos. El demagogo usa falacias, omisiones y de todas las tácticas posibles para manipular estadísticas, etc. Tanto en México como por estos lares la demagogia cunde, el populismo es de ingrata recordación, y la Guardia Nacional se parece tanto a las Milicias Bolivarianas...

*Profesor Universidad de Cartagena

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