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Desaparición forzada

JESÚS OLIVERO

Por: JESÚS OLIVERO

20 de Mayo de 2016 12:00 am

Cualquiera, al ser indagado sobre el fenómeno de El Niño lo asociará con sequías, apagones y racionamientos de agua. Esta visión, parte verdad, es la información general de los medios e internalizada en nuestra base de datos del conocimiento. Lo ocurrido a inicios del 2016 en el país fue una catástrofe. Muchos ríos de caudal importante quedaron sin corriente y varios sistemas de ciénagas, en especial en el norte de Bolívar, se secaron.

Entre las más afectadas fue la ciénaga del Totumo; el espejo de agua central desapareció y los daños no fueron comparables con nada en las últimas décadas en nuestros ecosistemas. Cientos de miles de peces, caracoles y muchos otros organismos murieron, creando una alfombra de cadáveres y osamentas por la sequía. La situación fue tan pronunciada que las aves carroñeras se fueron, permitiendo a los peces disecarse al sol. No se salvó nada. La Ciénaga entrará en un proceso de recuperación, lento y a merced del clima global. No es posible decir que lo ocurrido pudo ser peor. Lo más catastrófico pasó y como en otros casos, las autoridades cerraron sus ojos, se arrodillaron y rezaron para atraer las lluvias, pero nada más. Aunque hubo alguna difusión mediática, pasó a ser como las basuras en los caños, nadie le presta atención, ni somos conscientes de la magnitud de las afectaciones. Solo nos hacemos los locos. 

Esa debacle ambiental incluyó a las decenas de familias que viven de la ciénaga. Todas aguantaron hambre o buscaron otros oficios para los cuales no tienen experiencia. Para los tomadores de decisiones, El Niño es responsable, nadie más. Mentira absurda y despiadada, salvavidas de la incompetencia, desidia, falta de planeación y seguimiento, y en general de la mediocridad, madre de muchos de nuestros males y responsable del futuro gris que nos aguarda.

Al Totumo llegan cientos de buses con turistas y su potencial ambiental es exprimido por los magnates del sector. En los alrededores, la deforestación, evidenciada en Google Earth, abre paso a cultivos de palma, idea agronómica pésima en esta zona, que podría cuestionarse sin el mínimo esfuerzo académico.

La ciénaga recibe menos agua de sus tributarios, a los cuales les quitaron sus bosques de cabecera, y ya son simples canales de escorrentías. Para rematar, en el desespero humano, el mangle fue quemado para extraer algo de alimento: las tortugas. Nadie tuvo un simple plan de contingencia o acción mitigadora. Como siempre, el abandono, la negligencia y la pérdida de respeto por nosotros mismos y lo que nos rodea, conducirán a nuestra propia desaparición forzada. 

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Comentarios

La mediocridad

La falta de conocimiento, conciencia sobre nuestro futuro nos lleva a estos desastres que han dejado cicatrices imborrables en nuestros suelos. A nadie le importa hoy la fauna, la vegetación, sólo explotar para obtener beneficios económicos a costa de lo que sea. La gran labor de los científicos ambientales debe ser apoyada por todos, difundiendo los conocimientos que ellos nos dan y hacer un llamado de atención a los políticos para que sean responsables de los desastres ecológicos que estamos viviendo.

Como decía K. Popper "El problema de la mediocridad de la gente no está en la falta de conocimientos sino en la acción de negarse a obtenerlos". Espero que sus trabajos sigan dando frutos y podamos ir construyendo un "inconsciente ecológico" para poder salvar lo que nos queda.