El título de esta columna, ya ha sido utilizado por varios columnistas nacionales, pero vale la pena seguir preguntándose. ¿Será que se invierten en garantizar el desarrollo humano de todos los colombianos, o por el contrario, parte de estos dineros, van parar a la caja de los corruptos? La pregunta es pertinente, por cuanto, los colombianos nos las pasamos pagando impuestos todo el año, las 24 horas del día, por ello, vale la pena preguntarse a dónde van parar estas grandes sumas de dinero.
Las sumas de dinero que salen de los bolsillos de los colombianos, reciben distintos nombres, IVA, impuesto a la renta, de timbre nacional, gravamen a la actividad financiera, los impuestos al consumo de cervezas, licores, cigarrillos y tabacos, al registro, sobretasa a la gasolina, a los vehículos, industria y comercio, predial unificado, delineación urbana, de juegos de azar y espectáculos, estampillas, entre otros.
Los impuestos sirven para sostener el funcionamiento del Estado y deberían usarse para garantizar la prosperidad general y la vigencia de los derechos humanos, vida, calidad de vida, educación, salud, servicios públicos, seguridad pública, subsidios a los sectores vulnerables a efectos de garantizar la justicia social, y la igualdad de oportunidades, pero no es así.
La inversión social de los dineros recaudados implicaría la reducción de la pobreza y la miseria, que significaría el establecimiento del equilibrio social y la convivencia ciudadana. Pero, nada de esto ha venido sucediendo, por el contrario, la pobreza, la miseria, siguen en aumento.
El modelo de Estado Colombiano, establecido en la constitución de 1991, de corte Neoliberal, sentó las bases legales, para la institucionalización de la corrupción como modelo de gobierno, entre el sector público y parte del sector privado.
En ese orden, en los carruseles de la contratación, en los peculados, en las nóminas paralelas, en las coimas, fuentes del enriquecimiento ilícito, se va gran parte de los impuestos que pagamos todos, realidad cotidiana, secreto a voces.
"La corrupción se chupó a Colombia, a Colombia, se la están robando", escribió, Daniel Samper Pizano, afirmación que coincide con el lugar que ocupa el Estado Colombiano, como uno de los más corruptos del mundo y de América, que ha hecho que un exprocurador, afirmara, que "la corrupción estaba convirtiéndose en una institución endémica y de cubrimiento nacional porque en Colombia descubrieron la fórmula para saquear de manera sistemática al Estado".
Es sabido también que el destino de los impuestos de todos los colombianos, comienza a concertarse cuando comienzan a organizarse las campañas electorales, cuya financiación es costosa, en donde se pacta la compra del poder público con muchos votantes incluidos.
En ese escenario, los candidatos cargados de inmensas sumas de dinero y de otros orígenes, son los más votados, se alzan con la victoria, son ellos, los alcaldes, gobernadores, concejales y diputados electos, son ellos los reales dueños de los impuestos, quedando perfectamente organizado el modelo corrupto del ejercicio del poder en el gobierno.
Así, todo queda arreglado, para que los dineros públicos sean apropiados de forma inteligente, porque "la corrupción de cuello blanco ha tomado formas sofisticadas, "se presenta en forma alarmante en dos modalidades de impunidad, los implicados no solo se pasean orondos e impúdicos, sino que osan erigirse como líderes de opinión y censores morales", Alfonso Gómez Méndez.
Las denuncias realizadas sobre algunas dependencias distritales en Cartagena son preocupantes y debe poner a pensar a todos los habitantes de Cartagena, sobre la suerte que están corriendo sus impuestos por causa de los carruseles de la contratación, pulpos, carteles, mafias, venas rotas y ollas podridas por todas partes.
El saqueo, despilfarro, apropiación de los dineros de todos, destruye la sociedad, es creador de pobreza, subdesarrollo, violencia, inseguridad, por ello es necesario que en estas elecciones, pensemos a quienes elegir como alcaldes, gobernadores, concejales y diputados. Ojalá, sea esta, oportunidad para cambiar de rumbo.
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