Economía y comportamiento

20 de octubre de 2017 12:00 AM

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El premio Nobel de Economía fue otorgado este año al profesor norteamericano Richard Thaler, por aplicar con lucidez la sicología de la gente al estudio de las decisiones. Esta área de investigación iniciada en los 70 es conocida como economía del comportamiento.

La diferencia principal entre la economía tradicional y la economía del comportamiento consiste en que mientras en la primera se supone que las personas toman la mejor decisión posible, la segunda se concentra en estudiar las decisiones tomadas, aunque no siempre sean las mejores. En otras palabras, la economía tradicional toma como punto de partida un ideal de individuo para explicar las decisiones reales, en tanto que la economía del comportamiento se basa en actuaciones reales con el objetivo de entender cómo son las personas que las toman.

Con Thaler se documenta que el problema de los modelos tradicionales de economía es que los resultados de sus predicciones muchas veces no coinciden con lo que hace la gente en su vida cotidiana. Thaler y sus colegas han identificado una gran variedad de situaciones en las cuales las predicciones teóricas se alejan de las decisiones reales. A estas diferencias las denominan sesgos.

La capacidad de identificar sesgos de comportamiento de manera inventiva le dio a Thaler la oportunidad de incidir en las decisiones para que éstas sean mejores desde el punto de vista social. A esto se le llamó “empujar levemente” (en inglés “nudge”, palabra que da título a su libro más famoso). Como el “empujón” se diseña para ayudar a tomar mejores decisiones, también se le ha llamado “paternalismo libertario”.

Ejemplo de un “empujón” es el que ha sido usado en programas de donación de órganos. En Alemania, quien desee participar en uno de estos programas debe afiliarse formalmente llenando un formulario; con este esquema el porcentaje de donantes en ese país apenas alcanza el 12% de la población. Mientras tanto, en Austria, donde todos pueden afiliarse al sistema, la tasa de donantes alcanza el 99%, no obstante estén en libertad de desafiliarse cuando lo deseen llenando el mismo formato.

Esta experiencia muestra que es diferente preguntar “quiere afiliarse” a “quiere desafiliarse”. En el mundo racional de la economía tradicional la decisión en ambos casos debería ser la misma, por lo que el grupo de afiliados debería ser similar en ambos países.

Ciertamente los aportes de Thaler se han reconocido y adoptado ampliamente como parte de la disciplina; ahora el reto es articularlos a los instrumentos tradicionales para avanzar en la comprensión de nuestras decisiones y en su uso efectivo en el diseño de mejores políticas públicas.

 

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