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A las ferias que celebra el país –dos por día durante los 365 del año– se han sumado la de los avales para los candidatos a cargos de elección popular. El último episodio de nuestra picaresca (la visita de la doctora María del Socorro Bustamante al senador Héctor Julio Alfonso López en el evento anual de la empresa Unicat), produjo la revocatoria del aval que la Dirección Nacional de Cambio Radical le había conferido como candidata a la Alcaldía de Cartagena.
La doctora Bustamante defendió su honestidad el jueves, en RCN Radio, destacando que no tiene antecedentes que la descalifiquen por conducta punible o disciplinaria alguna, y aduciendo que por estar en campaña atendió la invitación que se le extendió por elemental cortesía. Agregó que ignoraba la llegada al evento de la progenitora del senador. Bienvenido el derecho a la defensa de cualquier ciudadano y, más aún, de alguien con la jerarquía política de la doctora Bustamante.
Pero aquella frase sobre el César (No sólo debe ser honesto sino parecerlo) no ha perdido vigencia. La candidata sabía como el que más de la sensibilidad de los cartageneros y los medios de comunicación frente al protagonismo, no por lo informal menos controvertido, de la anfitriona del evento en la arena política local. Desafiar esa sensibilidad, así fuera con un saludo de cortesía, tenía un costo político, y su partido se apresuró a pasarle la factura.
Sin perjuicio del respeto que para la diafanidad de su conducta personal y política exige la postulante, la opinión ciudadana, de ser elegida alcaldesa, abrigará dudas sobre su independencia para gobernar. La descolgada de Cambio Radical debe interpretarse (no cabe otra conclusión) como la primera toma de distancia por una flaqueza inconcebible en una dirigente tan experimentada.
En Cartagena, donde creímos que con la elección popular de alcaldes la nueva élite no sólo disolvería los resabios tardíos de la vieja sociedad hidalga, sino que depuraría los mecanismos de la democracia territorial, ha sucedido lo contrario: se quebró la estructura tradicional, pero la actual dejó a merced de la chequera más gorda (el poder unipersonal externo) la suerte de los gobiernos. Eso también está derramando la copa.
¿Será diferente después del 14 de julio?
Cuando cese la feria de los avales sabremos si habrá postcrisis o prolongación de la que bloquea al distrito y estanca el proyecto de vida de nuestras clases media y popular. Por desdicha, la vida se les ha hecho más vertiginosa, pero rehúyen estar en el vértigo para avanzar en lugar de retroceder, integrándose y dándole al voto valor a cambio de ponerle precio. El horizonte se les abre o se les cierra según los intereses de otros núcleos. Ya ni siquiera se les revuelven los sentimientos ancestrales con una tímida conciencia de clase.

*Columnista

carvibus@yahoo.es

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