El centralismo costeño

26 de octubre de 2017 12:00 AM

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El sentimiento que sus promotores predican de la autonomía costeña si es apenas una ocurrencia semántica insolvente, carente de objetividad y precaria demostración en el vasto universo del pueblo costeño.

Igual que no existe una conciencia colectiva capaz de asumir la autonomía como un logro político y no como “audacia” populista, es de colegir que el destino de tan entusiasta convocatoria no pasará de ser otra “gesta” efímera de campaña electoral que escoge a la Costa como teatro de operaciones  de la batalla final por la  Presidencia de Colombia.

Y es que causas como las autonomistas, los hervores revolucionarios, las transformaciones radicales que convocan las dinámicas de la sociedad, tanto en lo político como en lo social, económico y territorial, deben también tener una valoración en la identidad de alma, en los sentimientos y las emociones de quienes van a ser sujetos activos de los cambios que tales sacudimientos puedan traer consigo.

De ninguna manera un pueblo que no sienta palpitar en su alma uno de aquellos impulsos identitorios, la emoción de la causa que lo convoca, el sentimiento de ser arte y parte de su historia colectiva, obrero de su destino de grandeza, difícilmente va a engranar en las convocatorias que, bajo el señuelo de incluirlo, cuanto buscan es subordinarlo a un interés particular.

Y por eso, por la falta de ese catalizador básico para producir la reacción en cadena, cuanto se diga, haga y pregone sobre la autonomía costeña, no va a pasar del embeleco populista, del oportunismo electorero característico de pasados arrebatos, de la república aérea del Caribe del mismo promotor que hoy enarbola la bandera raída de la unidad regional.

Porque no vengan a creer los costeños de La Guajira, Sucre, Córdoba, Cesar, San Andrés Islas, de cuya pertenencia a Colombia no está seguro el senador Cepeda Sarabia, que las autonomías en materia de un modelo propio de desarrollo, de políticas, administrativas, presupuestales, rentísticas, que hoy celebran va a ser la tierra prometida de la equidad, la igualdad y las oportunidades para todos; sin miramientos distintos que el caudal de sus necesidades insatisfechas, carencias, exclusiones y frustraciones históricas.

Todo será en y se hará para Atlántico y Barranquilla, su capital, y si queda, para Bolívar y Magdalena, por aquello del lustre de Cartagena y Santa Marta, sus respectivas capitales.

De ahí, no pasará la autonomía en sus representaciones y expresiones: el desarrollo, la participación a prorrata en las rentas nacionales, las regalías, el presupuesto, el situado fiscal, las sedes administrativas de las burocracias regionales y nacionales y la nueva nomenklatura.

Y Barranquilla, por supuesto, será la nueva, la imperial Bogotá de clima caliente.

*Poeta

CRISTO GARCÍA TAPIA*
@CristoGarciaTap

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