El centralismo que nos agobia

07 de noviembre de 2017 12:00 AM

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Hace pocos días leí, en Los Irreverentes, el gran artículo de Gabriel Rodríguez, el cual me hizo sentir como habitante de la Región Caribe, que vive de las migajas que el Gobierno central le envía a esta ciudad donde todos, nacionales y extranjeros, vienen a deleitarse y hasta a irrespetarla con documentales amañados; otros haciendo gala de una brutal irreverencia ante sus monumentos, posan en cueros sobre un icono de la escultura mundial, la estatua de la ‘gorda’ de Botero, como la llamamos coloquial y cariñosamente los colombianos.

El centralismo de que habla el “Indio” Rodríguez, nos asfixia desde los tiempos de la colonia y siempre ha tenido la complicidad de los gobernantes de turno que hacen reverencias, banquetes, recibimientos ostentosos cada vez que un ejemplar del altiplano nos visita. Vienen a prometer este mundo y parte del otro. Pero nadie nota sus segundas intenciones pues sus promesas y ofrecimientos los hacen con la mano en el bolsillo para que no veamos la insignia de ¡“mamola”!

En esta ocasión solo me refiero a algunos casos que nos demuestran la contundencia de las apreciaciones de Gabriel y de cuántas “mamolas” le han hecho a la ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Con ocasión de los XX Juegos Centroamericanos y del Caribe del 2006, en Cartagena fueron muchas las obras no ejecutadas o inconclusas por la mezquindad del centralismo. Ejemplo patético: la vía Perimetral, magistralmente diseñada por la Universidad de Cartagena con ocho kilómetros, bordeando la ciénaga de la Virgen, desde El Pozón hasta la vía del mar, con el doble propósito de frenar las invasiones a ese cuerpo de agua y de facilitar una conexión transversal entre esos puntos importantes de la ciudad. Intervino FONADE, recortó el presupuesto, la rediseñó y hoy tenemos tres kilómetros de una vía en permanente mal estado.

Otro caso del centralismo asfixiante es la culminación de la vía Transversal de Barú, que estuvo frenada, desde el 2012, en la ANLA y Parques Nacionales, por la licencia ambiental del cruce por Playetas, y hoy, ya con licencia, no hay dinero para ejecutar la obra, afectando la calidad de vida de los habitantes de Barú y frenando su crecimiento turístico. Igual hubiera pasado con el puente que, de no ser por la gestión del alcalde Campo Elías Terán (QEPD), aún cruzaríamos el Dique en ferry.

Capítulo aparte merecen la imposición de un túnel innecesario y un puente que rompe con el entorno visual del sector, convirtiéndose en otro esperpento impuesto por el centralismo.

*Ingeniero Civil
ALFREDO PINEDA CORENA*
alfredopineda1@yahoo.com

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