¿Hasta donde debe meterse el Estado en la vida privada de la gente? ¿Debe regular decisiones privadas que solo afectan a quien las toma?Responder con lógica estas preguntas es la clave para tomar posición ante dos proyectos de ley en el Congreso: legalizar el consumo de marihuana con fines medicinales, propuesto por el senador J. M. Galán y el Partido Liberal; y reglamentar la eutanasia, impulsado por el senador A. Benedetti.
Ambos debe aprobarlos el Congreso pues responden a una visión moderna y liberal del Estado que respeta la autonomía de los ciudadanos para decidir lo que solo afecta su vida privada. No extraña que los sectores reaccionarios y retardatarios del país, como el Procurador y el partido del expresidente del todo vale, se opongan.
Las decisiones privadas en las que no debe intervenir el Estado son las que no afectan los derechos de otros. Un principio esencial del Estado liberal es que mi derecho de dar un puño llega hasta donde empieza la nariz del vecino. Es aceptable e indispensable la regulación estatal de las conductas privadas que afectan a los demás.
Un ejemplo lo aclara: después de tratar inútilmente de prohibir el consumo de alcohol en los Estados Unidos a principios del siglo pasado, en todo el mundo salvo en algunos países musulmanes radicales es legal comerciar con bebidas alcohólicas y nadie sensato propondría volverlo a prohibir.
Si alguien quiere perder la conciencia con licor, es una decisión individual en la que el Estado no tiene competencia. Pero el Estado sí debe prohibir y castigar al que venda licor a menores o a quien conduzca borracho un vehículo. Esta distinción, aceptada por casi todo el mundo para el alcohol, es aplicable a la marihuana no solo para uso medicinal, como ya lo hacen en parte de Estados Unidos y Uruguay, y debería aceptarse en Colombia.
Precisión similar es válida para la eutanasia, aun en su forma más radical: el suicidio asistido. Cada persona debe decidir si puede o no suicidarse, pero al Estado le es imposible prohibir o penalizar el suicidio. Y si fuera un delito, no habría a quién castigar.
Es paradójico que la mayoría de los sectores conservadores a favor de la intervención del Estado en la vida privada, se oponen de manera radical a que el Estado intervenga en la economía y regule los mercados. La libertad del mercado es un dios que debe protegerse, aún a costa de la libertad de las personas. *****ADENDA: Aplausos al Banco de la República por seguir comprando dólares a pesar de que llegó a COP 2.400, y muchos más por no vender dólares para detener la devaluación del peso. Ojalá siga así y le confirme al mercado que no protegerá a los que especulan con la revaluación.
