El Mundial de la civilidad

02 de mayo de 2010 12:00 AM

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

Los derechos ciudadanos suelen enfrentarse, y a veces en forma agresiva. Una sociedad civilizada impone y respeta reglas que permiten trazar la frontera donde termina mi derecho y empieza el de otro. Lo ilustra el derecho al desarrollo de la libre personalidad, que legalizó la “dosis mínima”, contrapuesto al de la mayoría que no consumimos droga, y que tenemos derecho a un ambiente sano. Arropados por cualquier “derecho”, algunos ciudadanos le meten goles a los demás, como los que veremos pronto, y ojalá muchos, en Suráfrica. Uno evidente es la informalidad que invade espacios públicos, donde chocan el derecho al trabajo contra el de la libre movilidad peatonal o vehicular. La informalidad no solo es del vivo que monta un negocio en la mitad de la calle, acera o playa, sin pagar impuestos, servicios públicos, seguridad social, etc.; también es informal el gobierno incapaz de hacer cumplir, con autoridad, las leyes que rigen la actividad comercial y el comportamiento civilizado. La invasión y destrucción del espacio público renovado que nos regala Transcaribe es un gol olímpico de ciertos comerciantes de la avenida Pedro de Heredia, quienes convirtieron las aceras nuevas en acopio gratuito de materiales de construcción, parqueaderos y tránsito de camiones que deterioran las lozas; y otras incivilidades. Los alcaldes menores, el DATT y la fuerza pública deberían visitar pronto el sector de María Auxiliadora (Tramo 3) para tapar esos goles, si queremos clasificar al Mundial de la civilidad. Los espacios nuevos, generados por obras de infraestructura recientes, deben ser protegidos desde su entrega a la ciudad. Un caso preocupante es el tramo terrestre del Emisario Submarino: tiene 20,5 Km de largo por 20 metros de ancho; por allí va enterrada la tubería de 183 cm de diámetro que saneará los cuerpos de agua de Cartagena, una carretera para mantenimiento y otros servicios. Tal franja fue comprada por el Distrito y entregada al operador del Emisario, Acuacar, en calidad de “servidumbre privada”. Es decir, ¡no será pública!, castrando el desarrollo del norte. Hacia allá se está expandiendo la ciudad y es absurdo atravesar una carretera “privada” que nadie podrá utilizar (hoy tiene puertas con candado), salvo los vehículos de mantenimiento de Acuacar, máxime cuando su trazado coincide, en parte, con una arteria principal contemplada desde 1994 en el Plan Maestro de la zona norte, del mismo Distrito. Dado que no dejaron cerramiento, ni señalización adecuada (¿para bajar costos?) es de esperar que los 410,000 M2 de este corredor queden al garete, presa fácil de invasores y sean fuente de conflicto permanente con los vecinos porque no se sabe dónde es el límite exacto de dicha franja. La informalidad e ilegalidad no son exclusivas de los estratos bajos: la demarcación inexistente, sumada a la falta de autoridad y planeación, ya fue aprovechada por vivos de “cuello blanco”, como los del pomposo proyecto “Karibana”, cerca a Punta Canoa. Construyeron (¿con permiso de quién?) una cancha de golf con lagos, muy bonita, encima de los tubos del Emisario y su carretera, cercada y con vigilancia armada 24 horas (hasta funcionarios de Acuacar deben pedir permiso). Allá no le hicieron gol “ordeñado” a los cartageneros, sino ¡hoyo en uno! *Ing. Civil y MBA, Directivo Empresarial restrepojaimea@gmail.com

TEMAS

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Columna

DE INTERÉS