El pueblo ya está sarapico y tatareto (2)

05 de junio de 2009 12:00 AM

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De la mano del famoso Cura Revollo, sabio lingüísta costeño de quien se cuentan chistes eróticos basados en las exageraciones que el común hacía sobre sus varoniles dotes que ni siquiera la sotana, dicen, disimulaba, y de Mario Alario Di Filippo, amigo con quien en ocasiones departí junto con otros en agradables sesiones acerca del habla del común y que alcanzó justo prestigio por sus conocimientos del idioma, entro al territorio semántico de sarapico y tatareto, dos voces relativas al trompo originadas en los espasmódicos ritos de los brincos que tan repetidamente da cuando es lanzado, ya por imperfección propia o por defectos del suelo donde baila. En “Costeñismos Colombianos”, de Pedro Mª Revollo, hallo que sarapico traduce “dislate con que se llaman ciertos insectos pequeñitos que viven y se remueven mucho en el agua estancada; en buen castellano gusarapo”, de cuyos temblores continuos surge su nombre. Y en “Lexicon de Colombianismos”, de Alario, encuentro que tatareto, sinónimo popular de aquel y usado en el Huila, Tolima y Santander es “trompo brincador y bronco, por tener el herrón torcido o muy romo”. Tanta inquietud atiza al trompo sarapico o tatareto que vale compararla, según mis intuiciones ideológicas y políticas, con naciente rebeldía colectiva, pues el pueblo colombiano en verdad sarapico y tatareto se encuentra ya o empieza a estarlo por la ira democrática que le produce la posible segunda reelección de Uribe cuyo creciente autoritarismo surto en la Carta que a su medida se ha dado, manda sin límites sobre los Pérez del común, o sea nosotros, pobres demócratas. Constitución peor que la apodada por los liberales “Teresita la Descuartizada” durante la dictadura conservadora de los cuarenta y cincuenta que a la de entonces tasajeó al gusto como asesino cruel lo hiciera con el cuerpo de la mujer así llamada. Tan sangrante y descuartizada está la del 91 que es Contra Constitución por el despotismo que implica. Como del trompo que baila con armonía sobre suelo regular y con estética pareciera danzar mediante giros uniformes y bellos o que por tener en buen estado el herrón o pica los aficionados a su juego dicen que con placidez “duerme”, de nuestra “opinión pública”, anestesiada por los medios de comunicación políticamente entregados al Gobierno, vale afirmar que pasmada, absorta, lela y encantada, dormida ha permanecido durante los mandatos de Uribe a pesar de sus desafueros que tan graves como son deberían haberla despertado racionalmente desde hace tiempo y obligado en democracia a engrosar la oposición. Mas muchos creemos que en Colombia ha comenzado notable picazón histórica que ha de conducir a sus mayorías al rechazo enérgico del despotismo que nos afecta y al repudio de quien pretende perpetuarse en el poder. La intuición del viejo bailador de trompo hace suponer que ya se percibe el principio de un proceso de fondo encaminado a convertir críticamente a los colombianos en sarapicos y tataretos o trompolocos y charaos como también se les conoce, esto es, en rebeldes opositores a la nueva reelección de Uribe, mientras alertas y despiertos los demócratas advertimos sobre la temible dictadura que se nos viene con ella. ¡Basta de pesadilla tan cruel, derechista y dura! jangossa3@gmail.com

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