El “puentecito” de Gambote

25 de octubre de 2012 12:00 AM

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Cuanto imaginan y dan por hecho incuestionable en ministerios, agencias nacionales de infraestructura y concesiones viales, Planeación Nacional y otros organismos con poder para reducir o ampliar los diseños técnicos y presupuestos para la ejecución de corredores viales en el Caribe colombiano, es que el Puente de Gambote, en Bolívar, apenas si  comunica a Cartagena con Sincerín y Turbaco.
Y más nada.
Que de ahí para adelante, para atrás y para arriba solo hay ciénagas, pastizales, unas cuantas chozas y bandadas de pájaros marinos y fluviales. Y un paisaje aún por descubrir y habilitar para que transiten por un solo y único carril las recuas de mulas, burros, bueyes y baquianos expertos en llevar sobre sus lomos las cargas de pancoger y otras vituallas.
Y más nada.
Que los dos o tres vehículos de tracción mecánica movidos por gasolina que de tiempo en tiempo dejan oír su ruido de locomotoras extraviadas y achacosas son solo un espejismo que espanta a los bárbaros que temerosos se aventuran a verlos pasar por sus pagos alejados de la civilización, el libre comercio, las mercancías y cuanto invento queda a escasas millas de una urbe que la propaganda, los periódicos y libros y tratados de economía y comercio describen como puerta de entrada y salida del TLC con los Estados Unidos de América.
Sí, la misma ciudad que al decir de los técnicos del altozano de los poderes y saberes metropolitanos no necesita de un puente de cuatro carriles, ni de vías, ni de dobles calzadas y troncales. Ni de nada distinto de los orinales y cagaderos utilizados por ellos cuando vienen a conocerla en misión oficial.
Una urbe que no demanda los emprendimientos viales que se necesitan para que se mueva el comercio entre Colombia y el resto del mundo que, quieran o no por aquellos lejanos y arrogantes despachos, tiene que entrar y salir por sus bocacalles, terminales y puertos y pasar, de ida y vuelta, por el puente de Gambote.
El mismo puentecito que, de cuatro diseñados, aprobados y presupuestados, redujeron a dos carriles, porque “los estudios técnicos (de las agencias de infraestructura vial) revelaron que para el tráfico proyectado en Gambote no era necesario un puente a doble calzada”. En suma, que no había carro para tanto carril y que, por tanto, para lo que había que movilizar, transportar, enviar y recibir, sólo dos bastaban y sobraban.
Que en el carril opuesto a la determinación del gobernador Gossaín de suspender la adjudicación del nuevo puente de Gambote por considerar que es “una afrenta e irrespeto a la región” modificar el diseño de la obra dando una “argumentación técnica vulgar”, su secretario de Obras Publicas celebre que “el Fondo de Adaptación haya adjudicado el contrato”; que la reducción del valor del proyecto se debió a “una ingeniería de detalles aplicada por el Fondo de Adaptación”, y que la misma “suple las necesidades de lo planteado por la Gobernación de Bolívar”, eso sí es como para llamar a la unidad de criterios.
A menos que este funcionario también crea que el mundo se acaba en Sincerín de un lado y en Turbaco del otro. Y que Cartagena, más allá de su cercado histórico, no existe ni cuenta. Y menos, Bolívar y la economía globalizada.

*Poeta

elversionista@yahoo.es
@CristoGarciaTap

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