El tsunami verde

14 de abril de 2010 12:00 AM

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La alianza de Mockus y Fajardo y el ascenso rápido de esta dupla en las encuestas, han producido un tsunami en el panorama político. Hasta hace unas semanas la campaña presidencial se reducía a dos candidatos punteros (Santos y Noemí), quienes se disputaban ante el público el título de herederos de la seguridad democrática. Pero Mockus aparece en el segundo lugar en los últimos sondeos de opinión, desplazando a Noemí, hecho que sin duda modifica la dinámica que traía la campaña. La estrategia de los candidatos uribistas es clara: mostrarse como los únicos capaces de derrotar a la subversión y de neutralizar los desafíos del país en orden público. Con esto habían conseguido treparse en la cresta de la opinión y relegar a los candidatos de la oposición a los últimos lugares. Los discursos de Santos y Noemí buscan enviar el mensaje de que sólo ellos pueden mantener y profundizar los avances en seguridad, planteándole al elector la disyuntiva clásica entre derecha e izquierda. Y es por eso que no pierden oportunidad para manifestar que en su gobierno no habrá despejes ni tampoco intercambio humanitario, sino lucha frontal contra las FARC. ¿Por qué éste discurso ha sido eficaz para invisibilizar a Pardo y a Petro, pero no para contener el ascenso de la llave entre Mockus y Fajardo? La razón es que la propuesta mockusiana escapa y desborda los referentes ideológicos tradicionales. Si se analiza con detenimiento el discurso de Mockus, se encontrará que su propuesta no gira alrededor de si la prioridad debe ser crear riqueza o redistribuirla, o si el énfasis de las políticas públicas debe estar en generar crecimiento económico o en lograr mayores niveles de igualdad ciudadana. Antes que nada Mockus propone a los colombianos la necesidad de dignificar la política, de conducirse en la vida diaria con apego estricto a la legalidad. De forma reiterada ha expresado: “Propongo justicia, responsabilidad, respeto y decencia”. Su propuesta no tiene un contenido ideológico fuerte de tipo dogmático, y consiste más bien en la exaltación de unos valores que considera que deben guiar la ética pública. Es tan difícil situarlo en una corriente de pensamiento que los demás candidatos no tienen claro cómo reaccionar ante el ascenso que tiene en las encuestas. El carácter desideologizado de la campaña de Mockus tiene dos consecuencias: (i) poder captar votos en sectores políticos diversos y (ii) dificultad para predecir hasta dónde puede crecer en intención de voto. Las mayorías se construyen alrededor de las preocupaciones ciudadanas. Una variación en los temas puede producir un reacomodamiento de fuerzas. Es por eso que el interés de Santos es mantener vigente en el debate a la seguridad, mientras que la estrategia de Mockus está dirigida a socializar las bondades de un país sin corrupción administrativa, y con niveles altos de educación y cultura ciudadana. Por lo pronto, los grandes damnificados con el ascenso de Mockus son Noemí y Petro. La primera, porque las fuerzas que la apoyan correrán en gran medida hacia la campaña de Santos, a menos que en los próximos 15 días logre repuntar en las encuestas. Y el último, por cuanto el voto progresista –no dogmático- se alineará con el candidato que consiga hacerle mayor contrapeso al uribismo. *Abogado y Filósofo tiradojorge@hotmail.com

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