En La Popa

25 de octubre de 2017 12:00 AM

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A La Popa se puede subir por distintas vías, una es por el Mercadito de Santa Rita, que luego de 4 años de empezar su construcción, por presión social de los comerciantes, no arranca porque le quedó grande a los gobernantes. Se puede subir a pie, en moto, colectivo o carro particular porque aquí no hay transporte público ni se garantiza el derecho a la movilidad. A mí me gusta subir en el carro de don Fernando, un rato a pie y otro caminando, por una carretera llena de baches, aunque es inseguro.

Luego de pasar el estadio José Miguel Corpas y el colegio Ana María Vélez, con nuevas estructuras por presión de deportistas y estudiantes, se pasa por Los Comuneros y Pedro A. Salazar, cuyas canchas dan pena, al igual que las de Santa Rita, Loma Fresca y Paraíso II, que hace mucho no se les invierte un peso. Pablo VI N° 2, Petare y República del Caribe no tienen canchas ni parques ni se garantiza el derecho a recrearse.

En el camino solo se ven 3 pequeñas sedes de educación primaria que también necesitan reparación, y muchos hogares comunitarios infantiles. No hay puestos de salud, clínicas u hospitales, ni el derecho a la salud está garantizado. No hay bibliotecas públicas, ni un medio de comunicación territorial, solo gente sin sus derechos a la información, la comunicación y la memoria garantizados. Hay iglesias de todo tipo, empezando por el convento en su cima, representantes de Dios en estas tierras. No se ve un CAI o estación de la Policía, solo agentes en moto, quizás los únicos representantes de la institucionalidad en estos territorios ‘des-institucionalizados’, haciendo patria e intentando preservar el orden y la seguridad, derecho que no solo a ellos les compete garantizar.

La ciudad no crea en el cerro condiciones para la seguridad, convivencia pacífica y bienestar colectivo, La Popa no ha encontrado las condiciones para su realización cultural, comunicativa, ecológica, económica, educativa, espiritual, política y social; la gente vive en desventaja respecto a los demás cartageneros, lo que muchos aprovechan para hacerles daño, empezando por los candidatos de turno que en elecciones suben hasta de rodillas para prometer de todo.

Cartagena debe garantizar a los ciudadanos de La Popa servicios públicos permanentes de agua potable, saneamiento, recolección de residuos sólidos, energía, equipamientos de abasto, comunicación, educación, recreación y seguridad, según la Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad. Esta debe brindar una oferta adecuada de vivienda para los habitantes de las ocupaciones informales como “La Bendición de Dios”.

*Lingüista, Literato y Comunicador para el Desarrollo

CARLOS DÍAZ A.*
puntos_de_encuentro@hotmail.com

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