Ese señor Marcelo Bielsa

15 de junio de 2009 12:00 AM

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“No sabemos si vamos a clasificar. Nadie lo puede afirmar, pero de algo estoy seguro: dejaremos un legado de 20 seleccionados a nivel competitivo, a nivel mundial, que hoy no los tiene Chile. De eso estoy seguro”: Marcelo Bielsa. Y ahora, no sólo Chile está a un paso de ir al Mundial (es segundo, apenas a un punto de Brasil, y tiene dos partidos como local – Venezuela y Ecuador- para sacar entre tres y cuatro unidades y echarse a dormir), sino que ese “legado” de equipos competitivos ya es tan cierto que, por ejemplo, la selección Sub 21 ganó el título del torneo de Toulon, Francia. Con tipos como Marcelo Bielsa, que se tienen fe y que saben para dónde van, uno se queda tranquilo. Si pierde, siembra procesos. Pero si gana -lo que con él no es un albur sino una inmensa posibilidad- se cumple eso que reconocen hasta sus críticos: el argentino es un rey Midas que todo lo convierte en oro. ¿A qué le apostó la dirigencia chilena cuando firmó un contrato multimillonario con este director técnico? Al éxito. Que, como lo dijo el mismo Bielsa, no se puede garantizar, pero que es mucho más probable. Y en esa tarea, hicieron lo que había que hacer: aliarse con la empresa privada. Ninguna selección en el mundo -ni siquiera Brasil, Inglaterra o Italia- y ningún club –incluidos Real Madrid, Barcelona, Manchester o Chelsea– tiene tanto dinero en una cuenta bancaria para contratar a los mejores directores técnicos o comprar a Cristiano Ronaldo en el equivalente a 283 mil millones de pesos. Lo que sí pueden hacer es trazar ingeniosas propuestas de mercadeo que seduzcan a inversionistas de las más grandes multinacionales del planeta. ¿Imaginan la rentabilidad para aquellos que se subieron desde el primer día en el bus de la empresa chilena de volver a un Mundial, en caso de que, como todo parece, el equipo de Bielsa se gane el cupo a Suráfrica 2010? Dicen que todo estuvo a punto de darse para que Bielsa viniera a dirigir la Selección Colombia, y que cuando ya había un acuerdo sobre el dinero, el “Loco” se negó una vez conoció que el equipo no tenía una sede propia, como ya la tienen casi todas las selecciones del continente. Eso es entendible. Estamos hablando, más allá de su nacionalidad, de un entrenador del primer mundo. Un hombre que no ha inventado el fútbol pero sí un estilo, afín a lo que somos, pero también universal, como cuando les pide a los jugadores que sean “suramericanos para gambetear, pero europeos para desmarcarse”. El “‘Loco” que acepta retos sin quejarse del poco tiempo que tiene. Ese insomne que llama a medianoche para decirle a su hermano que cuando le dedicó en público un título de Vélez se equivocó, porque esa Copa no sólo la consiguió él, sino también los jugadores, la hinchada y los dirigentes. El contracorriente que detesta los ‘diez’ típicos y las vedetes, y ama atacar con seis y con siete. El bien puesto de pantalones que no necesita consentir a sus jugadores para que lo respeten y lo respalden. Aquel que maneja como nadie el invaluable tesoro de la intimidad. El que prefiere las ruedas de prensa a las exclusivas porque para él es tan importante The New York Times como “El Hocicón de Pelotillehue”. Ese señor que polemiza con altura y que habla de fútbol o de fútbol, aunque, eso sí, lee de todo. Un ganador que nos perdimos. Colprensa

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