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Fiestas de salvaguardar

ALBERTO ABELLO VIVES

PERIÓDICO DE AYER

Por: ALBERTO ABELLO VIVES

1 de Noviembre de 2014 12:02 am

Cartagena tiene el enorme potencial de realizar una de las más hermosas fiestas populares de Colombia, entre el mar y la muralla, en noviembre. Si la ciudad se decidiera por valorar su patrimonio inmaterial, podría tener no sólo un festejo incluyente sino también una temporada importante para el turismo y para generar ingresos.

Pero en esta ciudad a ciertos sectores no les interesa que la fiesta popular se vea. Desde el temprano siglo XX se expresaron en su contra, reclamaron el surgimiento e impusieron otro tipo de certamen, más acorde con la ciudad hispánica que se quería exaltar. Durante el siglo pasado asumieron como propia la antipatía de las élites andinas contra las expresiones culturales del Caribe al inventarse los imaginarios nacionales. Hasta un alcalde prohibió la cumbia y el mapalé. Un parlamentario cartagenero, con su ley de fomento al turismo, permitió que el 11 de noviembre no fuera festivo nacional: como paradoja, en noviembre la ciudad tiene la más baja ocupación hotelera y es tal la desventura de las fiestas que ya el país no sabe qué se celebra ese día. Las fiestas populares pasaron de ser protagonistas a ser convidadas a otros desfiles organizados por una empresa privada. La población que creció fue invitada a asumir el rol pasivo de observadora y no el de activo partícipe.
Ahora desconocen los esfuerzos del Comité de Revitalización por reconstruir y reinventar los festejos. Basta ver la no inclusión, en el programa de este noviembre, de bandos, carnavales y desfiles de barrios que al son de no ser incluidos hicieron rancho aparte años atrás. Retroceso notorio es el que ocurre ahora en el deslinde de las Fiestas de Independencia frente al Concurso Nacional de Belleza. El 28 de octubre se expidió un decreto con prohibiciones, pero ¿qué hicieron la alcaldía y el IPCC para evitarlas y en cambio valorar, educar e incluir a la población en esto?

Cuando se habla de programación festiva sacan a relucir cartas para oponerse a ellas o impedir su progreso: la de la productividad ante una supuesta pérdida de tiempo para el trabajo (cuando en Barranquilla hay cada vez más días de jolgorio en su carnaval y saben lo rentable social y económicamente que es); la de la inseguridad, pero no se habla de los efectos de la exclusión social en las fiestas sobre la violencia; la de la falta de recursos para la fiesta pública, pero no se hacen cuentas claras de la multimillonaria suma que, entre contratos y patrocinios, va a parar a manos llenas a una lucrativa empresa privada.

Es hora de tomar en serio la salvaguarda de las Fiestas de Independencia si la ciudad que vio nacer músicas y danzas de carnaval quiere tener una de las más bellas fiestas colombianas. Manos a la obra.

*Columnista quincenal

albertoabellovives@gmail.com

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Comentarios

¡ES EL PODER DE DON DINERO!

Para nadie es un secreto que familias y personajes de todos los niveles y pelambres, han tenido como fuente de ingresos el vender a Cartagena a los modernos bucaneros, corsarios, filibusteros y piratas.

Para no escribir mucho y aparecer como repetitiva, sólo vale decir que si vendieron las casas históricas para ser destripadas, si permitieron colapsar las vías y servicios públicos con los altos edificios, si les dieron patente de corso a cantineros y cocineros para apoderarse del espacio público, si entregaron importantes contratos como los de Transcaribe y el desembotellamiento de Crespo a sus amigotes, cómo no lo iban a hacer con un canal privado de televisión para que su 'show novembrino' reemplazara a las Fiestas del 11 de Noviembre, que así se llamaban desde los inicio del siglo 19.

¡Oh Cartagena de Indias, ayer Reina de la Mar, si tu hijos te quisieran de verdá, verdá!