La reunión de la OPEP en Viena el pasado 31 de mayo no tuvo sobresaltos. Nada nuevo. Muchos expertos estiman, sin embargo, que el barril marginal, el último en producirse, cuesta US104 por fuera de la OPEP. Con el barril cotizándose a US103 (Brent) no es grande el estímulo para buscar y extraer más petróleo.
Shell, Statoil y ConocoPhillips pospusieron indefinidamente sus inversiones en el Ártico; BP revisa sus planes en un promisorio prospecto en aguas profundas del Golfo de México; Total ensombrece el futuro de las arenas petrolíferas del Canadá al abandonar inversiones; Woodside Petroleum engaveta un gigantesco proyecto para licuar gas natural en Australia. El fenómeno es global. Sin precio, se estanca la producción.
En tiempos de don Sancho Jimeno, las minas del Potosí decayeron porque socavones más profundos y escasez de mano de obra dispararon los costos de producción. La plata comenzó a cotizarse mejor en la China, hasta donde llegaba el Galeón de Manila. Codiciosos piratas atraídos por el brillo del metal atacaron a Cartagena en 1697 y don Sancho se distinguió en su defensa.
El crecimiento, nada improbable, del 4% anual en los países en desarrollo, con la mitad del PIB mundial y elasticidad del 0,5% al consumo de petróleo, se traducirá ex ante en aumentos del 2% en la demanda mundial de crudo. Son 1,75 millones de barriles por día, dado un consumo actual de 89 millones de bpd. Hay que añadirle los más importantes de 4,5 mmbpd por la declinación del 5%, estimada para los campos actuales. Sólo aumentos de precio frenaran la demanda y estimularán la producción.
¿Y el petróleo de esquistos o shale? Los Estados Unidos aumentan producción en 45% durante los últimos cinco años, un crecimiento fenomenal, posible en gran parte gracias a la revolucionaria tecnología del fracking. ¿No será ésta la respuesta a la oferta, que mantenga precios estables hasta la eternidad? Despacio. Las reservas mundiales en esquisto son indeterminables y quizá gigantescas. Eso es lo bueno. Lo malo es que las 21 compañías ahora en el negocio no ganan dinero. Su flujo de caja libre agregado, por cuenta de las enormes inversiones que el fracking requiere, suma 35 mil millones en rojo.
Los pozos en esquistos tienen la mala costumbre de soltar el 50% de sus reservas recuperables en los primeros 18 meses y luego declinan rápidamente. Mientras más crece la producción agregada, más difícil es aumentarla o siquiera mantenerla: se necesitan más y más pozos. Contrasta con la explotación tradicional: hecha la inversión inicial, el yacimiento debita largamente. A menos que se abaraten sustancialmente los costos del fracking, se pedaleará en una bicicleta estática. A hoy, el petróleo de esquistos no frenará el aumento de los precios y, por el contrario, necesitará de su incremento para prosperar.
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