Gobernabilidad

11 de junio de 2018 12:00 AM

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El domingo, Colombia elegirá nuevo presidente, con lo cual habrá puesto fin al gobierno más impopular de los últimos años; y se espera pueda el país regresar a la cordura después de una de las campañas más sucias de las que se tenga recuerdo: más, inclusive que la que ganó Pastrana. Que, como en toda competencia, el perdedor acepte su derrota, así como aceptó las reglas al participar; y deje trabajar a quien se ganó el favor popular. No obstante, sabemos que eso no va a suceder. Quien ya se sabe perdedor, porque: 1. Comprendió que no reúne los atributos que más valora el elector (inteligencia, coherencia, y honestidad intelectual, entre otros); 2. Ofreció un programa de gobierno que creó temores, y ha tenido que ir modificándolo; y 3. Porque las encuestas se lo están gritando; está descalificando a priori el resultado. Y si la contienda, con la participación de exguerrilleros habituados, y dispuestos a todo, ha mostrado la bajeza humana, lo que sigue será peor.

Si perdieron en las urnas, como va a suceder -me refiero a la guerrilla y a su candidato sustituto- pretenderán tumbar por todos los medios, legales o no, éticos o no, a quien haya ganado. Guardadas las proporciones y la veracidad o justificación de los móviles, sucederá como viene sucediendo en Cartagena desde que fue elegido alcalde Campo Elías Teherán (q. e. p. d).

Me temo que en los próximos cuatro años colapsará el aparato judicial, no solo por lo corrompido e ineficiente, sino porque le lloverán demandas de los perdedores por todo y contra todo. Y serán de mucha protesta social porque los exguerrilleros y sus simpatizantes son expertos en atizar el descontento -aun el de los que viven tranquilos y felices- y de crear zozobra a través de los medios de comunicación, la universidad pública, y las redes sociales. Además, porque poseen dinero para financiar todo tipo de paros y movilizaciones. El fin, provocar al Gobierno y su aparato militar hasta lograr el motivo que justifique acciones de hecho, y su derrocamiento.

Y en medio de tanta agitación, el nuevo Gobierno tendrá que tratar de cumplir lo prometido en campaña: luchar contra la corrupción, promover el crecimiento de la economía, reducir el desempleo, mejorar los salarios, mejorar el sistema público de salud, garantizar la sostenibilidad del sistema pensional y el acceso a la educación superior, y reformar el aparato judicial, entre muchas más, para lo cual solo dispone de 4 años.

Sería más productivo si la guerra terminara con la elección del nuevo presidente, y quienes no lo lograron se dediquen a la oposición limpia, sin agitar a las masas, esperando una nueva contienda. Y mucho mejor, si entendieran que nuestro capitalismo no es salvaje, es humano; y en lugar de tratar de acabarlo ayuden a desarrollarlo, y a limpiarlo de tanta corrupción que nos ha invadido. La tarea de formar nuevos ciudadanos es larga, pero no imposible. Se necesita el buen ejemplo de sus gobernantes y autoridades. Uribe lo estaba logrando, Duque debe recuperar lo que Santos prostituyó.

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