Lo digo con todas las letras…; a la paz sólo podemos llegar mediante el éxito de un acuerdo negociado.
Estoy convencida de esta afirmación y así lo he repetido por años, cada vez que la ocasión se me presenta.
Cuando por décadas una sociedad ha vivido en medio de la confrontación, la paz es un proceso que requiere crear nuevos escenarios y abrir las puertas a la tolerancia en un proceso que sin duda no será inmediato, pero que hacia el futuro ha de ser la base de una nueva armonía social, fruto de los acuerdos que han de tener como sustento la creación de confianza, el respeto a la verdad y la voluntad de acertar en provecho de toda la sociedad colombiana.
No ha de existir sociedad civil y actores del conflicto. En adelante, seremos simplemente colombianos, seres humanos con sueños, seres que tenemos el derecho y el deber de comprendernos, de aceptarnos y de gozar de una sana y pacífica convivencia.
No más muertes por ideologías enfrentadas. Podemos diferir en la forma, en la manera de afrontar los retos, más no en el propósito; un país más justo e incluyente, uno donde todos tengamos un espacio, uno que a todos nos alcance.
No más víctimas y victimarios. En La Habana el tema central ha de ser el de la concordia. Aceptemos las culpas, revelemos las verdades, preparémonos a la reparación y declaremos que en nuestro país existen más de cuarenta millones de razones humanas para declarar la paz: cuarenta millones de vidas únicas, valiosas e irreemplazables.
No más intransigencia donde caben los acuerdos, no más actitudes prepotentes. Lo que se define es nuestro mañana, el de cada uno de los habitantes de este país, llámense campesinos, obreros, profesionales, guerrilleros o políticos. A todos nos cubrirá el mismo cielo…; el de la tormenta de la guerra o el de la prosperidad de la paz.
A la negociación llegamos tras una desastrosa violencia. La viabilidad como país se ha visto comprometida por el empeño en resolver nuestras carencias por medio de las armas. El desarrollo económico ha tenido en el conflicto uno de sus peores obstáculos. Las soluciones a nuestras dificultades han sido aplazadas en el torbellino de sobrevivir en medio de esta guerra. Fueran cual fueren las razones del enfrentamiento, hoy debemos detenerlo, si lo que buscamos son verdaderas y sinceras soluciones. El Gobierno, en un valiente gesto, ha tomado la determinación de buscar la salida a esa aparente “sin salida”.
A los dirigentes de las Farc les corresponde responder con altura al gesto del Estado que ha mostrado su disposición al crear las condiciones para llegar al final definitivo del conflicto.
Hoy es el momento del perdón y la reconciliación.
Hoy es el momento de las reparaciones.
Hoy es el momento de la tolerancia.
Hoy es el momento de decir ¡basta!
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