Las Priscas

25 de abril de 2010 12:00 AM

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El 4 de marzo, Sonia Quintero recibió el Premio a la Mujer Cafam 2010 por haber dedicado 13 años de su vida a resocializar menores en Armenia; compitió con 19 mujeres ejemplares (sólo 3 de la Costa y ninguna de Bolívar). No hubo finalistas de Cartagena, pero acá hay mujeres que lo merecen por sobrevivir en la indigencia extrema, al lado de la opulencia. El proyecto de revitalización del mercado de Bazurto, que adelanta la Administración a través de la oficina de Espacio Público y Movilidad, cuyo informe social preparó la Universidad de Cartagena, sacó a flote la realidad social de este espacio vital de la ciudad. En el proceso de caracterización de los ocupantes del espacio público en la carrera 26, surgió un ramillete de señoras que Cafam bien podría premiar en 2011; se trata de las “Priscas”, en honor a Prisca Pérez Maza, matrona de un clan familiar que se gana la vida en la carbonera de Bazurto, junto a otras 40 señoras (cabezas de familia), vendiendo carbón y a veces pescado. Difícil entender que una ciudad con 100% de cobertura en energía y 93% en gas natural tenga un mercado del carbón para uso domiciliario tan activo; y casos tan dramáticos como el de Doña Prisca y sus colegas de género, que la luchan cada día en la carbonera, como el jibarito aquel del Lamento Borincano. El trabajo de campo identificó que en sólo 2 viviendas de la misma familia (las Priscas) ¡viven 61 personas!, algunas “sisbenizadas”. Una casa, si así puede llamarse, está en el barrio Chiquinquirá; es compartida por 48 familiares en condiciones infrahumanas de hacinamiento; cocinan con carbón en la sala (que se convierte en dormitorio en la noche); la luz y el agua son ilegales (suspendidos por mora); el baño es un agujero conectado al alcantarillado y en el patio estrecho hay un tugurio improvisado. Allí cohabitan apiñadas con Doña Prisca, sus hijas Denis, Sobeida y Zoraida, y su nieta Acenet, de 51, 43, 42 y 28 años, respectivamente; y el resto del árbol genealógico. La primera está afectada por una erisipela hace 30 años; la segunda, 5 veces madre soltera, decidió quedarse a dormir en la plaza de mercado con sus hijos durante 5 años (la inseguridad la hizo regresar al hacinamiento infame del hogar de las Priscas); la tercera en estado avanzado de embarazo y la cuarta comparte el dormitorio con su compañero, 5 hijos y Doña Prisca. Al transformar a la carbonera en un espacio más digno, las Priscas fueron favorecidas en el plan de inclusión productiva para dedicarse a otro negocio que les brinde, al menos, los $480,000 mensuales que hoy ganan, en promedio. Con ellas serán beneficiadas Marta Pérez Maza, de 58 años, que vive con 13 personas y Esterlinda Rodríguez, de 60 años, quien, con una sola pierna (una infección gangrenosa obligó a amputarle la otra), sostiene a 3 sobrinas menores de edad y a su madre anciana: ¡Otra mujer verraca para el premio! Si Doña Prisca llegara a ser finalista del premio Cafam, difícilmente podría ir a la ceremonia en Bogotá porque tiene 81 años de edad, repartidos entre el otrora muladar de Chambacú, el antiguo mercado de Getsemaní, y en los últimos 30 años, tragando polvillo negro en la carbonera. *Ing. Civil y MBA, Directivo Empresarial restrepojaimea@gmail.com

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