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Columna

Los dueños del futuro

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En la caverna de Platón, la realidad eran las sombras de una hoguera sobre la pared contra la cual estaban atados. El tiempo y el espacio eran las sombras. La verdadera realidad la opacaban la inmovilidad y el aislamiento.
El tiempo es una dimensión motivo de grandes disquisiciones de filósofos, historiadores, políticos y personas del común. El pasado, el presente y el futuro se entrelazan inexorablemente. Con frecuencia su relación no es muy evidente mientras estamos en el pasado o en el presente. Sólo cuando llegamos al futuro, convertido ya en presente, entendemos que el pasado causó el hoy. Lamentablemente, entonces ya es muy tarde para cambiar el pasado que nos trajo a ese futuro hoy presente.
Si queremos cambiar el futuro debemos conocer el pasado para comenzar a construir el presente.
El tiempo sucede en un lugar y ese espacio impacta en esa línea invisible que ata inexorablemente el pasado, presente y futuro.
Ese espacio nuestro, Cartagena, fue durante muchos años una ciudad encerrada por murallas y sitiada en muchas ocasiones, aislada del mundo. Quizá aún lo es.
El 20 de mayo de 1741 culminó el sitio o Batalla de Cartagena. Los británicos de Vernon, con una flota de 186 buques y más de 27.000 hombres sitiaron Cartagena desde el 13 de marzo. Con un pequeño número de valientes, Blas de Lezo defendió la ciudad y logró una victoria aplastante en contra de las circunstancias y de las predicciones inglesas.
¿Qué habría sido de nuestro pasado y presente si la batalla hubiera concluido como debería, esto es, con la victoria británica? Muy seguramente no hubiera ocurrido el 11 de noviembre, no existiría el malogrado parque del Centenario, hoy hablaríamos inglés, no celebraríamos el próximo 1 de junio la fundación de la ciudad y no tendríamos elección atípica en julio.
Un interesante ejercicio es preguntarse cómo se ve uno dentro de 10 o 20 años. Es muy usado por psicólogos y jefes de recursos humanos para evaluar pacientes o candidatos a un empleo.
Podemos pensar que cada uno de nosotros, en su caverna, es dueño de su pasado, propietario de su presente y amo de su futuro. Pero es innegable que esos tiempos dependen de otros. Personas que, por poder, influencia, política o dinero pueden cambiarlos. En nuestra Cartagena, sitiada y amurallada, nuestro futuro inmediato, querámoslo o no, depende de unas pocas personas y estará influido por quien sea nuestro próximo alcalde.
Disculpen si soy muy reiterativo, pero, pasa el tiempo y tengo para mí que los candidatos pretenden ser dueños de nuestro futuro. Sería muy equitativo que en contraprestación nosotros fuéramos dueños de su pasado, conociéramos su presente y supiéramos cuál es el futuro que pretenden darnos. En las elecciones, no arruinemos el futuro por un presente sin pasado.

*Profesor Universidad de Cartagena

crdc2001@gmail.com

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