Los países del Cayeye

04 de junio de 2014 12:02 AM

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El plátano, fruto del banano, de la familia de las platanáceas, originario de Asia, pasó a África y luego América. Los principales productores son Camerún, Costa Rica, Colombia, Ecuador y Guatemala. “Pun pun catalu”, el merengue de Celia Cruz y Willie Colón, describe las costumbres comunes de Cuba, República Dominicana y Puerto Rico. En la parte culinaria todos usan plátano machacado. Ismael Rivera canta, con Rafael Cortijo, una hermosa plena, “mofongo pelao”.

El Cayeye es un plato típico del Magdalena. Guineos verdes cocinados, posteriormente machacados y luego sofritos y mezclados con un guiso de cebolla, ajo, tomate y achiote. Se le puede agregar queso costeño rallado y suero o mantequilla.
En Bolívar, Córdoba y Sucre, el guineo se reemplaza por plátanos verdes, se hacen bolas y se llama Cabeza de gato. En Puerto rico se llama Mofongo, en República Dominicana Mangú y en Cuba Fufú. En Perú y Ecuador se llama Tacacho. Estos platos coinciden en ingredientes y su origen africano. La consistencia, el color y el sabor finales dependen de la cocción, cantidades y momentos de las mezclas. Sin embargo, la mezcla de elementos tan disimiles nunca será homogénea.

El escritor norteamericano O. Henry (William Sydney Porter 1862-1910) acuñó la frase “República bananera” para describir la ficticia república de Anchuria en sus cuentos “Las coles y los reyes”. Se asume que se basó en su experiencia en 1896 en Honduras y Guatemala y en la relación de esos países con la United Fruit Company. Pero luego, el peyorativo término se amplió a cualquier país políticamente inestable, empobrecido, atrasado, con economía dependiente y donde empresas extranjeras explotan sus recursos naturales. Aunque entró en desuso, aún se emplea para describir cualquier país, generalmente de Centroamérica, el Caribe o África, en donde la ilegalidad campea, hay un gran poder de las multinacionales y la ley solo existe para ser violada por un estado acostumbrado a la malversación, el fraude y el soborno. A tal punto que a estas naciones se les denomina cleptocracias.

Hoy en algunas persisten varias así, barnizadas con el achiote de una democracia descolorida y sazonadas con una institucionalidad insípida, y se piensa que ya no son repúblicas bananeras. Tienen partidos de morondanga en los cuales entran ineptos morales con el único requisito de poner más votos. Son líderes de tan diversa ralea como volubles idearios, madurados en la falsa hoguera de las vanidades, capaces de pactar con el diablo si con eso pierde su enemigo y con metas tan falsas que traicionan a sus amigos y que pueden moldearse con cualquier salsa o endulzante en una masa amorfa como el mofongo, pero sin sustancia, alma, ni sentido.
*Profesor Universidad de Cartagena

crdc2001@gmail.com

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