Mangle, hoteles y autoridad

12 de enero de 2018 12:00 AM

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A lo largo de más de un kilómetro luego de que el Viaducto el Gran Manglar se desvía hacia la Ciénaga de la Virgen, todos los días, lenta pero sistemáticamente, el mangle es talado o quemado, y el área expuesta rellenada con escombros. Los lotes son cercados con madera, construidas casas de bloques o cartón, y la avanzada es tan palpable que existen parqueaderos y caminos.

Esta nota no intenta desenmascarar culpables, todos saben que muchos privados, con o sin el aval gubernamental, se confabulan de forma perversa para adueñarse de cuanto metro cuadrado existe en la ciudad. La idea es solicitar la acción decidida y firme del Gobierno distrital.

Alcalde, invite a su secretario de Planeación, representantes de los habitantes del mangle, Cotelco, Cámara de Comercio, EPA, Cardique, Defensoría del Pueblo, Fiscalía, Policía, Ejército Nacional, Dimar y Armada, entre otros, a una reunión para al menos tratar el problema y encontrar ya una solución. En principio puede haber lluvia de ideas, aunque debería iniciarse la más simple, parar la invasión. Estos problemas no son ecuaciones cuánticas para genios, solo requieren determinación ejecutiva, compromiso, y un verdadero sentir y respeto por la ciudad. Parece increíble que esto ocurra sin que autoridad alguna se pronuncie, es la ciudad de nadie y las instituciones no existen. 

Debe valorarse el área talada y caracterizar las familias asentadas históricamente. Puede proponerse construir un complejo habitacional para aquellos con comprobada permanencia de muchos años en el sitio, empleando financiación tanto pública como aportes de los hoteleros, cuyas inversiones se han valorizado por el viaducto. Los hoteles deben comprometerse a contratar al menos a un miembro de cada familia reubicada, y los beneficiados recuperar y cuidar el mangle. Son solo ideas, tómenlas o cámbienlas, pero hagan algo.

La imagen de los hoteles contiguos al viaducto cambió por completo con su construcción, es decir, con el dinero de todos, incluyendo los más pobres del país. Pero este avance, por llamarlo de alguna forma, no puede desmoronarse por la desidia de una Administración a quien no le importa cinco el robo del espacio público frente a sus propias narices sin hacer absolutamente nada.

Turistas que visitan esos opulentos hoteles, y desde los pisos altos divisen los tugurios, siempre pensarán lo mismo, aquí roban la plata del turismo y salvaguardan el robo de algunos avivatos. La desigualdad de esta ciudad y la falta de autoridad para cuidar lo público dan asco.
 

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