No a la sociedad enferma

10 de agosto de 2018 12:00 AM

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Una forma común de hablar sobre los problemas sociales en Colombia es decir que la sociedad está "enferma". Desde los comentaristas culturales hasta los políticos de todas las tendencias ideológicas -así como muchos ciudadanos de a pie- coinciden en que hay algo malo en la sociedad colombiana, y que la mejor definición posible para este problema es la de enfermedad. A pesar de su prevalencia, las implicaciones de esta metáfora deberían preocupar a cualquiera que sueñe con una sociedad democrática y libre.

Las metáforas que usamos para referirnos a la sociedad son importantes. Estructuran nuestras percepciones y facilitan identificar y resolver los problemas sociales. También son de naturaleza transformativa, pues permiten conectar lo conocido con lo desconocido a través de lo que el antropólogo Víctor Turner denominó una "alquimia de ideas".

En el caso nuestro, los males sociales parecen endémicos a la sociedad, como si formaran parte de la idiosincrasia colombiana, y la posibilidad de hallar soluciones se antoja remota e incognoscible. Al transferir las cualidades de las enfermedades a los problemas sociales, la implicación de la esperanza, a través del diagnóstico y la terapia exitosa, también se transfiere.

Tal implicación tiene un lado oscuro. Si la sociedad está enferma, esta debe representar un papel de paciente. Los pacientes deben ser pasivos y guardar reposo en cama. Al creerse incompetentes, no pueden participar de la diagnosis ni recetar remedios para sus males. La cura queda en manos de los doctores, quienes en el sentido metafórico son los tecnócratas, expertos extranjeros, académicos, políticos o miembros de una élite social. Solo ellos tienen la autoridad para decidir cuáles son las partes de la sociedad que están enfermas y cuáles no. También tienen el poder de amputar o eliminar las partes afectadas, para que no infecten a los “órganos” saludables, proceso interpretado como una natural limpieza. En un país en donde la "limpieza social" es una metáfora recurrente y abominable, la sola idea es horrorosa.

La enfermedad también es una metáfora del estado de autoritarismo. Cuando un ciudadano acude al médico, cede su agencia para definir y remediar su enfermedad porque el médico es la persona idónea para diagnosticar y curar. Pero una democracia sólo funciona cuando los ciudadanos participan juntos en la solución de sus propios males, pues esa es la base del proyecto colectivo.

En síntesis, las metáforas que elegimos para referirnos a la sociedad deberían reflejar el deber de asumir esta responsabilidad. Tal vez es hora de buscar una metáfora más apropiada y abandonar la noción de que Colombia es una sociedad enferma.

“(...) las metáforas que elegimos para referirnos a la sociedad deberían reflejar el deber de asumir esta responsabilidad. Tal vez es hora de buscar una metáfora más apropiada (...)”
 

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