Oración y bondad

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Sentir en el alma los estruendos de la miseria sin horrorizarse, no es mortal; tampoco lo es caminar con indiferencia entre familias enteras que en la acera o en el andén suplican ayuda para comer, escenificando dramas con niños que con inocencia ofrecen dulces para remover la bondad de los transeúntes. En esta época de Navidad, donde el mundo rememora el nacimiento de Jesús de Nazareth y hasta los incrédulos se enternecen, es un deber ético volver la mirada a nuestro interior para encontrarnos con nuestra esencia humana llena de cualidades y dimensiones que nos incitan a la caridad y fraternidad.

En Cartagena, a quienes en tiempos desconocidos se les dio por bautizar en el Centro histórico a una avenida como República de Venezuela, jamás se imaginaron que esa vía sería un día un pasaje de angustia y dolor de los hermanos emigrantes de esa nación, que con valentía luchan por sobrevivir ante el acoso del hambre y demás necesidades primarias, aunque su dignidad ruede por el pavimento pateada por indolentes. De igual forma, quienes conocimos la época de poderío económico de la nación venezolana nunca presagiamos el estado de penuria a la que llegaría una sociedad que en el pasado le faltó humildad en el trato con los ciudadanos colombianos que arribaron a su pueblo para trabajar de sol a sol en los sectores rurales o en las ciudades, siendo perseguidos por las autoridades como indocumentados.

Hoy en Colombia el trato es diferente para los hermanos venezolanos de nuestra gente y las autoridades, parten de sentimientos de respeto y solidaridad que apoyamos y aplaudimos. Partimos de la premisa que conformamos ese glorioso pueblo que soñó el libertador Simón Bolívar, la Gran Colombia. Sin embargo todo el padecimiento del pueblo patriota debe hacernos reflexionar para evitar que en el futuro los colombianos suframos igual condición.

Pedimos a los cartageneros que en esta Navidad nos unamos en oración al padre eterno por las cantidades de conciudadanos que sobreviven en condiciones infrahumanas en su propia tierra y por los hermanos venezolanos para que se llenen de bendiciones, en especial los niños, que junto a sus padres sufren los errores políticos de su país, haciéndoles perder los encantos de la infancia; y por los gobernantes locales y del mundo para que sean instrumentos de servicio al pueblo, en especial a los desfavorecidos; por la ciudadanía, para que despierte la conciencia de la indiferencia y la irresponsabilidad, para que escojamos bien a los dirigentes sin equivocarnos en las urnas, como pasó en la hoy República Bolivariana.

*P.U. Comunicación Social Periodismo

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