Pasan cosas buenas

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Ahora que vienen unas elecciones de suma trascendencia para Colombia y Cartagena, tenemos que animarnos a votar y a tomar buenas decisiones como ciudadanos.
Sin embargo, hay obstáculos que nos desmotivan y desorientan. Uno de esos obstáculos es el pesimismo. Pero este pesimismo muchas veces es injustificado o exagerado.

Todos los días nos enteramos de un nuevo “escándalo” de corrupción; y nosotros reaccionamos, escandalizándonos dócilmente, como si cada caso reflejara algo nuevo.
De esta manera nos convencemos de que la ciudad está sumergida en un mar de corrupción como nunca antes lo había estado, cuando en realidad lo nuevo es que el alcalde Manolo Duque, su hermano financista de campañas políticas y algunos concejales están en la cárcel.

Odebrecht, el corrupto fiscal anticorrupción, el llamado cartel de la toga, los “musas” y los “ñoños”, los contratistas de la alimentación escolar, la refinería. ¿Será que la corrupción está desbordada? ¿O será que por fin comienzan a funcionar –así sea tenuemente- las instituciones y la sanción social? ¿Cuánto mejor podrían funcionar si nuestro voto fuera bien informado?

¿Será que Trump y Brexit –que ha permitido el retiro del Reino Unido de la Unión Europea- marcan un quiebre insalvable de la democracia? ¿O se hace cada vez más transparente el clásico recurso a la mentira (“armas de destrucción masiva”), y ésta ya no pasa tan desapercibida?
Una de las razones por las cuales a veces no vemos que pasan cosas buenas es que los medios parecen convencidos de que las buenas noticias no venden. Y, por supuesto, que a muchos políticos les conviene jugar con nuestros temores.

Estar bien informados no es una tarea fácil.

Por ello, lo primero es procurar la diversidad de fuentes. Los acontecimientos y los temas que cada medio decide cubrir y, sobre todo, los enfoques, tonos y matices con que los despliega, responden a unas líneas editoriales influidas por sus tendencias políticas e intereses económicos.

Buscar esa misma diversidad es fundamental al navegar por los editoriales y las columnas o los programas de opinión. Es fácil caer en la tentación de leer o escuchar solo a quienes están de acuerdo con nosotros; pero corremos el riesgo de dejar pasar la valiosa oportunidad de contrastar y nutrir nuestra opinión con otras miradas.
También hay que cultivar la habilidad para detectar argumentos engañosos, medias verdades y falsedades, pues abundan.

Para ser pragmáticos hay que ser realistas, pero dada la esencia de lo que ser pragmático verdaderamente significa, también hay que ser optimistas.

*Profesor, Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad Tecnológica de Bolívar.

COLUMNA EMPRESARIAL
pabitbol@utb.edu.co

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