Permítanme una sonrisa

12 de febrero de 2018 12:00 AM

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El método científico de investigación aplicado a la sociedad; y la lucha de los contrarios de que habla el materialismo dialéctico, condujo a la identificación de dos clases antagónicas (proletariado, o sea trabajadores, y burguesía, o explotadores), y a la elaboración de una teoría que predecía un nuevo modelo de gobierno: la dictadura del proletariado, o comunismo, como se le conoció.

Como parte del método científico, se puso en experimentación en Rusia a principios del siglo XX, y demostró 70 años más tarde, que no funcionó. Explicándolo desde el punto de vista filosófico, porque anuló el principio dialéctico (la lucha de contrarios) que rige el universo según el mismo materialismo dialéctico que le llevó a esa conclusión.

Dos cosas. Primera, que se haya recurrido al método científico de investigación, y al materialismo dialéctico, filosofía que comparto y defiendo; y segundo, que hayan sido dos reconocidos intelectuales de la época (Marx y Engels) los autores de la teoría, no es garantía de éxito. La experimentación, la historia, demostró que estaban equivocados. No se puede llamar exitoso un sistema de gobierno que debe ser sostenido a la fuerza porque atenta contra lo más sagrado del hombre después de la vida: su libertad.

Si el odio de clase inculcado por sus líderes tumbó la monarquía, la crisis económica acabó con el comunismo. La represión era tan fuerte que la inconformidad no fue suficiente. Lo tumbó la crisis económica. Hoy en día se dice que los trabajadores en el comunismo decían: “Mientras el gobierno finja que nos paga, nosotros fingimos trabajar”.

Lo triste de nuestros revolucionarios de hoy, es que ni siquiera se hayan dado cuenta de 3 cosas:

1. Que las condiciones materiales han cambiado, y que el marxismo-leninismo ya no está vigente, aunque sí el método científico de investigación y el materialismo dialéctico. 2. Que trabajadores y empresarios (hay que desterrar del lenguaje proletariado y burguesía) ya no son antagónicos, sino colaboradores; y 3. Que se necesita de científicos sociales, más que de hombres armados, que identifiquen los nuevos contrarios capaces de producir una sociedad nueva.

Hasta ahora guerrilleros e intelectuales siguen aferrados a unas teorías fracasadas en su dolorosa etapa de experimentación, y pretenden imponérnosla a través del engaño populista. Eso no tiene nada que ver con la corrupción; el comunismo no está exento de ella, con el agravante de que el anacrónico sistema, requiere de una dictadura que lo sostenga a la fuerza.

Lo cierto es que sin desarrollo económico sostenido y un freno a la natalidad y a la corrupción, nunca podremos lograr el bienestar que perseguimos. Por lo tanto, más que inculcar el odio, y la lucha de clase (qué paradoja mientras hablan de paz, tolerancia, perdón; permítanme una sonrisa), hay que identificar nuestras fortalezas y nuestras oportunidades como nación, para enrumbar la economía.

*Ing. Electrónico, MBA

movilyances@gmail.com

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