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Columna

Será en otra oportunidad

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Las perspectivas de Cartagena para los próximos dos años son sombrías. Desde luego, puede desafiarse la lógica de los acontecimientos y acariciarse la idea de que se producirán milagros.
Soy franco pesimista sobre los años venideros por una simpleza deductiva: las mismas causas fatalmente producen los mismos efectos. Y eso nos ocurrirá con la elección de nuevo alcalde que se avecina.
Las candidaturas sobresalientes, las que en los pronósticos integran el grupo de elegibles, están montadas sobre los esquemas caducos de un sistema desmoralizado. La pugna, o mejor el negocio de los avales, con su carga inocultable de sórdidas transacciones, es suficiente para descartar que Cartagena y sus necesidades sean la primera preocupación de los manejadores de los candidatos.
Los episodios para el otorgamiento de avales son deslustrosos para los candidatos, los partidos y sus personeros en la urbe. Candidatos en cuya fidelidad ideológica para con el partido que les brinda la investidura pocos creen, revocatoria de aval por malas o cuando menos imprudentes andaduras de una candidata, ágil tránsito de la candidata revocada a otro partido que en horas la unge, desautorización de un directorio nacional al aval anunciado por la célula política local con la consiguiente declaratoria de rebeldía de los desautorizados, personas que peregrinan en regateos por conseguir la etiqueta de partidos sin electores o en el ostracismo ético, más lo que continúa y sobrevendrá en los próximos días.
La institución del aval, concebida como herramienta de fortalecimiento de los partidos y movimientos políticos al tiempo que como instrumento de depuración de candidatos, ha sido pervertida y es hoy una estación más en la degradación de las costumbres políticas.
De ese pantano mefítico mal puede salir algo bueno, así el candidato escogido luzca virtuoso, pues el resultado del proceso es la selección de una persona para que suba al podio, como una figura manejada por cordeles para cumplir el libreto de la distribución del gobierno de la ciudad entre sus propulsores. Si no, ¿habrá algún espíritu cándido que crea que los concejales opulentos en OPS obran con desprendimiento y teniendo en cuenta sólo las altas conveniencias de Cartagena? ¿Habrá algún tonto que crea que los exsenadores convictos ora desde cárceles ora escondidos tras sus herederos o testaferros ora paseando su cinismo por la ciudad, pueden ser los garantes del mejor porvenir para los habitantes de Cartagena?
Los candidatos pueden tener limpia vestidura pero nada bueno auguran para Cartagena cuando sus impulsores son la causa del desbarajuste que ha padecido la ciudad.
Razones sobran para el pesimismo: nunca se toca fondo. Días más sombríos están por llegar.

h. hernandez@hernandezypereira.com

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