Sí hay que hacer caso a Mancuso

18 de junio de 2009 12:00 AM

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Más saludable para la institucionalidad y la gobernabilidad del país resulta hacer caso a Salvatore Mancuso, que a Mr. Brownfield, Embajador americano en Colombia. Entre las razones, la de aquel patriotismo evocador de dignidad que no se resiste a sucumbir a la marginalidad de la historia. Ni a la degradación de una política de Estado sometida a directrices contrarias al sentir nacional. Y más que a la advertencia del Embajador de Estados Unidos, Mr. William Brownfield, de “no hacer caso a declaraciones de Mancuso”, (El Espectador, 12 de Junio de 2009), de quien no hay que hacer caso es del diplomático americano en su esfuerzo por impedir que el jefe paramilitar extraditado diga las “verdades que conozco” acerca de su aventura criminal. Entre tantas, la de la negativa de su país, el de Mr. Brownfield, de apoyar la “erradicación de los cultivos ilícitos, y lucha contra el narcotráfico”, propuesta por el jefe paramilitar colombiano como garantía de su desmovilización y la de sus ejércitos, tanto en Córdoba como en el Catatumbo. Si cuanto quiere desviar el agente diplomático americano es la flagrante contradicción entre la teoría y la práctica del combate al narcotráfico proclamada en todos los ámbitos geopolíticos por su Gobierno, otra es la demostración que deja al descubierto la carta enviada por Mancuso al Presidente Uribe Vélez, la cual pone en evidencia la distancia que hay entre promulgar una política y ejecutarla. Esto por el lado de los intereses que representa el plenipotenciario de Washington, porque por el lado de Colombia debe el Presidente Uribe aceptar que en nombre del interés superior de la nación a Mancuso sí hay que oírlo y prestarle mucha atención. Máxime cuando aún está por verse qué tanto se ha avanzado en el proceso de Justicia y Paz que dio hasta para extraditar a los principales gestores del Acuerdo de Ralito para la “refundación” de Colombia, pero muy poco para saber la verdad que hay por todos los lados de ese macabro proyecto criminal de desinstitucionalización, despojo, desplazamiento y suplantación del Estado y el Gobierno, del cual es Salvatore Mancuso quien más sabe y quiere, según su confesión epistolar, contribuir a esclarecer desde su condición de fundador, comandante y ejecutor. Pero no lo “dejan”, según se desprende de sus “confesiones de vida en la celda del exilio y el destierro” de Washington DC., en donde pasa sus días y noches, porque igual que cuando anunció su desmovilización y sometimiento en el marco de la Ley de Justicia y Paz, siguen imponiéndose los “intereses de esos que se benefician del conflicto”. Tan conocidos por Mancuso, que solo él está en capacidad de identificarlos como las “fuentes principales y necesarias para poder reconstruir la verdad” y consolidar lo que a su juicio sería un efectivo acto de Verdad y Reparación. Entre tanto, el Presidente Uribe sí debe hacer caso a Mancuso y propiciar que diga todo cuanto hizo y por cuenta y en compañía de quién lo hizo. ¿Will you allow it, Mr. Brownfield? elversionista@yahoo.es

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