Símbolos

24 de abril de 2010 12:00 AM

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Hace una semana, El Tiempo resaltó que el abuso hacia las mujeres se incrementó mucho en los últimos cinco años. Esta semana, la edición de la revista SoHo publicó un compendio peculiar de confesiones femeninas. Una joven actriz se anima a admitir su recorrido gustoso por los tríos; una concejala de Bogotá concede su gusto por el porno; otra actriz resalta su preferencia por el sexo anal, otro personajillo el uso de los vibradores. En fin, una colección digna de una revista que se forja alimentando el morbo de los varones del país. No es que los temas per se sean cuestionables o dignos de un juicio de valor subjetivo. Las preferencias y tendencias sexuales de cualquier individuo, hombre o mujer, pertenecen a un terreno íntimo e intocable. Se trata de que estas mujeres escojan ventilarlo en un medio hecho e ideado por una mentalidad que incentiva la animalidad de lo masculino. Por eso comprendo que las mentes detrás de SoHo diseñaran un tema de esta índole, que deseen fomentar también los ánimos masturbatorios de los hombres, y que se sirvan de mecanismos prosaicos para conseguirlo. Lo que no comprendo es por qué mujeres bellas y con cuerpos espléndidos, necesiten constatar su valía -o sentir poder- a través del morbo de millones de desconocidos. Este tipo de cosas suscita preguntas sobre las concesiones que hacen las mujeres, y habla sobre lo que representan decisiones como esas “confesiones”. Levantan remolinos. ¿Es cierto que el vehículo más efectivo de las mujeres para probar su valor en el mundo es el cuerpo? ¿La belleza femenina es a los hombres lo que es el poder y el dinero a las mujeres? ¿El mundo le pertenece, a la postre, a los hombres? ¿La sed de liberación femenina, después de siglos enteros de relegación, permanece eclipsada por desventajas demasiado arraigadas? ¿Qué es exactamente lo que consiguen estas mujeres cuando deciden confesar sus gustos sexuales en una revista de este tipo? ¿Son más liberales? ¿Suben peldaños en la lucha de la feminidad? Si ser mujer es un performance permanente, ¿qué es exactamente lo que estas mujeres interpretan? Al final de cuentas, una revista como SoHo se sustenta por la voluntad de esas mujeres por aparecer allí. Y en otras ocasiones, en esta misma columna, cuando quisieron censurar a la revista, me opuse tajantemente. El libre albedrío es otra cosa sagrada del ser humano. La cuestión está en lo que la concesión de alimentar esa animalidad masculina simboliza y significa. ¿Qué logra para las mujeres recurrir a la desnudez para obtener publicidad o mayor fama? ¿Qué nos queda cuando una política intenta llamar la atención en pleno fervor electoral, prometiendo un desnudo en la revista? ¿Y qué hay de cuando bellas mujeres parecen decir, con sus decisiones corporales, que esa es, en últimas y en esencia, lo que somos las mujeres? En muchas ocasiones he pensado y dicho que ellas lo único que logran es reforzar nuestros tediosos, desgastantes y anacrónicos cánones machistas. Sus actos admiten al cuerpo como el gran vehículo femenino, relegando atributos y facultades por los que otras mujeres han batallado con vehemencia. Y tristemente hacen pensar que el poder primordial femenino es la belleza, uno que al final, por sobrecogedor que sea, excluye las posibilidades del alma. *Historiadora, periodista, escritora rosalesaltamar@gmail.com

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