Todo quedó en borrador

11 de enero de 2018 12:00 AM

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Sí, todo, menos las frustraciones al por mayor y en cadena que trajeron consigo, en vez de la paz social que se daba por descontada, el Acuerdo de Paz y sus desarrollos efectivos en los diferentes puntos negociados y convenidos entre el Estado colombiano y la guerrilla de las FARC EP, cuyo fin superior era el de poner fin a un conflicto armado de más de medio siglo entre una guerrilla abanderada de la solución de su causa, el conflicto social, por la vía de las armas, y un Estado anclado históricamente en el statu quo.

Pero no ha ocurrido así, ni va a ocurrir, pues todo ha quedado en borrador, en cuartillas y bosquejos desperdigados por ahí. Nada se ha pasado en limpio para su impresión indeleble en las páginas y folios de la realidad nacional.

Haciendo como correspondía, acordó y pactó, la plana, el ejercicio, en los territorios y con los colombianos que, sin atenuantes de ninguna clase, han padecido a lo largo de medio siglo los rigores de esta guerra de despojos de todo, exterminio, desplazamientos, pobreza, exclusión hasta de la esperanza, lo último que acaso aún conservaban entre sus tiliches.

Pero que otra vez, y quién sabe si en esta por cien años, se ha vuelto a perder entre unos borradores que el Gobierno no ha sido de capaz de concretar siquiera con quienes lo dejaron todo por unos acuerdos de los que apenas si se han cumplido los protocolos de su firma y de la entrega de armas por parte de las guerrillas, porque lo otro, lo de fondo, lo fundamental, se lo llevó la avalancha del incumplimiento, la peste del olvido.

Eso de que “lo fundamental del Acuerdo de Paz ya se cumplió”, como afirmó el presidente Santos en Barranquilla, (El Heraldo, 31 de Diciembre de 2017), simple y llanamente no concuerda con la realidad ni tiene el respaldo de los hechos cumplidos, a menos que “lo fundamental” se reduzca al gaseoso concepto de Gómez Hurtado, o al desarme y recogida de la guerrilla en campamentos que nunca se terminaron ni dotaron adecuadamente, o al acopio de todos los chécheres que, con capacidad de hacer ¡pum!, pudieron acumular las FARC EP en cincuenta años.

Si tal, “lo fundamental del Acuerdo de Paz ya se cumplió”, y con creces y ñapa: le procuró a Colombia el honor y la honra, el segundo en su historia, de un Nobel.

Lo demás, es lo de menos, y cualquier cosita es cariño: el aterrizaje de los programas de desarrollo en los territorios que soportaron hasta el exterminio el conflicto armado, y llevado desde siempre sobre sus vidas el lacerante de las exclusiones y el no menos inicuo de las desigualdades.

De lo cual es mejor no darse por aludido, ni por pesimista, señalará el presidente Santos, porque “vamos por buen camino”, aunque a poco, Sancho, topemos con la trocha inhóspita, rocas insalvables y cuanta traba es dable pensar en esta travesía.
 

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