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Transformación armada

RODOLFO SEGOVIA

Por: RODOLFO SEGOVIA

17 de Septiembre de 2016 12:00 am

En el 2012 era evidente que las Fuerzas Armadas de Colombia (FFAA) habían infligido una derrota estratégica a las FARC; el poder por las armas les era inalcanzable. Estaban vencidas, no sometidas. El general Sun Tzu, 500 años AC, aconsejaba sopesar el costo de exterminar al enemigo acorralado. Sugería la prudencia recogida en el proverbio castellano: “Al enemigo que huye, puente de plata”. Se votará sobre el tenor del puente y aquello de fiat justitia pereat mundus (hágase justicia aunque se pierda el mundo).

Las FARC tocaban a las puertas de Bogotá en 1998, mientras un muro verde en evolución las contenía con su superioridad aérea. Quizá Tirofijo consideró al tiempo de su lado. Podía esperar mientras obtenía, por droga, misiles tierra-aire para neutralizar la ventaja táctica enemiga. O, quizá, lo obnubiló el despeje y paz de Andrés Pastrana. Parecía a punto de llegar al poder por las buenas.

El ejército colombiano tomó largo tiempo madurar. Lo sacudió el conflicto con el Perú en 1932; lo comandó no un oficial de carrera, sino un general de guerra civil. Pasada la crisis, quedó de nuevo a su suerte, respetado abanderado del patriotismo que adquirió esprit de corps, consciente de ser singular como institución paralela. El gran cambio se incubó con el decreto marco de 1968, respuesta al creciente desorden público marxista. El Plan de Seguridad Nacional ponía a las FFMM en el radar de Planeación Nacional para presupuestos y eficiencia del gasto. Pero no cesó la institucionalidad autárquica; la lucha contra la subversión era de militares. Los presidentes sólo exigían de sus ministros de defensa de cuatro soles lealtad y “buena puntería”.

Hubo crisis cuando Belisario Betancur inició un proceso de paz a espaldas de la FFMM. Hubo rumores y destituciones. Pactada una tregua, las FARC y el gobierno prohijaron la Unión Patriótica. Ahora se sabe que Tirofijo veía otra manifestación de todas las formas de lucha. Sospechaba de una paz que excluía al ejército de doctrina forjada en la Guerra Fría. Ese malentendido fue preámbulo de la execrable matanza que siguió.

A partir del 91, el apoyo de la dirigencia civil tomó forma con altibajos. Los esfuerzos innovadores pero solitarios de la FFAA tuvieron presupuesto. Ajustaron doctrina, entrenamiento, tácticas y equipo -más orientados hacia el conflicto interno-, incluido fabricar armamento. La ayuda externa se amplió de la policía a las Fuerzas Militares -Plan Colombia-, al ver que la lucha contra el narcotráfico incluía combatir la subversión. Lo demás es historia.

Los piratas que saquearon Cartagena en 1697 coparon la guarnición, pese a la heroica resistencia de don Sancho Jimeno, pero los Borbones reformaron y con el virrey Eslava y Blas de Lezo rechazaron a los malandros de Vernon en 1741. La transformación con resultados es continua.

rsegovia@sillar.com.co
 

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