Un criterio no basta

30 de octubre de 2017 12:00 AM

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Se ha levantado cerca al Castillo de San Felipe, una edificación de 30 pisos -de un total de tres que se construirán- que, al decir de algunos, “obstruye la visual” del monumento. ¿De qué visual se trata? Con ese criterio se juega en perjuicio del desarrollo de la ciudad.

Toda visual depende del punto de observación, y dudo que alguien pretenda que el Castillo -menos aún las murallas- se puedan ver desde cualquier distancia. Y desde los cuatro puntos cardinales. Son argumentos vacíos, que al introducirle el intimidante de la pérdida del título de “Patrimonio de la humanidad” que tiene la ciudad, paraliza al que sea.

En su momento se armó alharaca, entre otros, con los baños públicos; con el Edificio Inteligente; con los terrenos perdidos de Chambacú; y hasta con el edificio Portofino que se construye en la intersección de la avenida Chile con la carrera tercera, en Bocagrande. Lo que yo veo, es que no hay un criterio claro, ni una norma establecida por quien tiene el poder de despojarnos de ese título y de los recursos que mueve (la Unesco), que permita ser objetivos -no emotivos, ni interesados- al momento de otorgar o negar licencias.

Hasta antes de que un alcalde construyera el Parque de la Comida Caribeña, nombre rimbombante de algo innecesario e improductivo, se pensaban los alrededores del Castillo como una zona de jardines (igual que muchos de los monumentos en el resto del mundo) pero ha habido muchos intereses que pugnan contra ese propósito; y cuesta mucho expropiar y demoler lo ya construido. Por lo demás, no se puede ignorar que, a diferencia de otros lugares, Cartagena está inmersa en sus monumentos históricos; se construyeron para defenderla del acoso de los piratas, lo cual la convierte un caso sui generis.

Regresando al tema de la columna, y a mi modo de ver, esta construcción, por más que nada le pueda quitar a lo “monumental” del Castillo; compite en altura con él, y dependiendo del punto de observación (por ejemplo, desde la cima del mismo) se ve grotesco: un verdadero adefesio. En este asunto no debe haber criterios o discrecionalidad de ningún funcionario; las normas que rijan deben ser matemáticas y precisas. Por ejemplo, se podría establecer una distancia mínima de acercamiento; por decir algo, 50 metros medidos desde el perímetro más cercano con edificaciones de dos pisos; y cada 50 metros adicionales permitir dos pisos más, liberando la restricción más allá del primer kilómetro.

Asumiendo que el edificio de marras esté a 150 metros de distancia, su altura máxima debería ser de 6 pisos. Pero no porque lo diga yo, u otro, sino que una norma establecida por la Unesco, o un grupo de expertos locales, lo establezca. No dudo que ahora empezarán las autoridades a rebuscar como agujas en un pajar, argumentos jurídicos no aplicados a nadie más, para chutarle todos los costos y la responsabilidad al constructor y al curador.

*Ing. Electrónico, MBA

MIGUEL YANCES PEÑA*
movilyances@gmail.com
 

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