Y sigue siendo señora

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Desde hace algún tiempo un supra academicismo de la más alta erudición se ha dedicado a prestarse para el “saqueo” a los caudales públicos. Por tanto no es de extrañar una que otra simbiosis literaria que proporciona blindaje en medalleros, colgandejos y placas, haciéndoles aparecer como escritores y poetas a uno que otro “vivo” de la gavilla de los que utilizan el poder para joder.

Todo este tiempo han permanecido resguardándose a través de la mampara del contrato y los viáticos de: ¡ay mamá Iné... todos los negros tomamos café...! Y en contraprestación, a estos ilustrísimos sirvientes se les proporciona ir a doctorados y maestrías al extranjero, amén de doctorados y maestrías hechizas locales. Así, han de justificarles el oprobioso dolo. Y al regresar, ya encumbrados, vienen mucho más expertos en lamesuelismo a sus amos para que les acerquen la cosa ambicionada: irse desempeñando en puestos clave para, una vez allí, sus antipatías de altivez provinciana puedan explayarse como cola de pavo real. Ya el saludo no lo contestan por la boca. Vaya a saber usted por dónde lo hacen.

A la final se les alcanza a ver como piedra labrada por varias caras, en forma de paralelepípedo. Obras que salen de los hornos donde los cocinan sus amos, familias adictas a las arcas públicas, los dueños de la institucionalidad cartagenera.

Esta purulencia de bichos va pareciéndose a los que por tamaño y peso hacen parte de la maquinaria de ‘honorabilísimos casa por cárcel’, marcados por una desfachatez que les permite pavonearse por la calle como dignos representantes de la desvergüenza.

Así, muchos de los supra academicistas de la sumisión no dejarán nunca de perseverar regalándose en servilismo para con las familias que manejan las bandas que se apoderaron del destino de los cartageneros. Si por sentirse a gusto en una existencia corrompida, todo lo reducen a las usanzas de lo ilícito porque ese ya es su talante.

Y como en la canción de -señora de madrugada- tal fetidez de descomposición adornará su rostro y su señorío. Porque hemos caído tan bajo que, robarse lo ajeno dentro de esta desgraciada desolación de mingitorio sociopolítico, da estatus. Lo último ha sido tratar de apropiarse de un esfuerzo cultural colectivo desde la Cámara de Comercio de Cartagena, utilizando dineros públicos, unos $800 millones, que no se sabe dónde están. De esos dineros tendrán que dar cuenta porque ya un medio de comunicación nacional dio la voz de alerta y hay muchas preguntas que no se quieren responder. Una prensa comprometida con la verdad sacará finalmente a flote lo que viene ocurriendo en esa entidad carcomida por la politiquería y las malas mañas.

El fantasma del pastor Thomas Robert Malthus, padre del aborrecimiento a los pobres, suele visitar a otros de por acá. Empezando por la más “culta”, aquella que después de tratar de plagiar un proyecto, lo eleva en nombre propio dándose el lujo de expresar a voz en cuello que al espectáculo de dicho proyecto usurpado no pueden ingresar los pobres.

¡No... apaga y vámonos! Porque a los jinetes del apocalipsis ya los tenemos aquí. Y llegando sobre las ancas del oscurantismo del saqueo.

*Poeta

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