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Miércoles 23 Mayo de 2012 Ediciones anteriores |
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El debate sobre el “marco para la paz” salió del ámbito del Congreso y se está dando de cara a la opinión pública.
Como a lo largo de mi vida me ha correspondido formar parte de numerosos “equipos de trabajo” en instituciones públicas y privadas, me siento con la experiencia suficiente para criticar y autocriticarme por la metodología empleada algunas veces, para redactar documentos de planeación estratégica, autoevaluación, convenios y alianzas estratégicas, que, a menudo, se quedan en homenajes a la bandera, por la carencia de un hilo conductor que articule un párrafo con otro, y por la ausencia de una reflexión interdisciplinaria seria, que conduzca a crear consensos.
Prueba de que nadie dudó de la firma del TLC entre los Estados Unidos de América (EUA) y Colombia, lo es el hecho que desde hace varios años se viene observando a empresarios de otros países suramericanos (especialmente, Venezuela, Ecuador y Brasil tres reacios, y Chile y Argentina) y del mundo (incluidos los EUA), hacer inversiones en Colombia para aprovechar las ventajas que lograría (y logró) el país al poder ingresar con sus productos en el mercado estadounidense.
Nuestra honorable clase política todos los días nos divierte con algo nuevo. El turno esta vez es para un hombre que dice ser probo, como todos los que están en el Congreso de la República de Colombia, me refiero al senador Eduardo Merlano, quien es hijo del condenado por “parapolítica”, Jairo Merlano.