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2 años: bicentenario

Estamos casi en vísperas de cumplirse el bicentenario de la declaración de Independencia de Cartagena, que no fue un simple acto de inconformidad contra la Corona española, sino el auténtico punto de partida de la emancipación real y efectiva de la Nueva Granada.

Para conmemorar la magna efemérides la ciudad debe aprovechar para proyectarse internacionalmente y lograr la realización de obras fundamentales de desarrollo urbano y de servicio social. Pero, para conseguirlo, no basta la pirotecnia retórica. Hay que iniciar, desde ya, las gestiones conducentes a obtener el respaldo del Gobierno nacional, del Congreso y de las empresas industriales y comerciales de todo el país.
Es conveniente recordar que en 1911, al cumplirse el primer centenario de la Independencia, en una Cartagena de 50.000 almas, se construyeron el Teatro Heredia y el Parque del Centenario, se remodeló el Camellón de los Mártires, se montó la “Noli me tangere”, se proyectó el muelle de Los Pegasos y se erigió el Monumento a la Bandera al final de la Plaza de San Pedro, demolido en la década de los 60. Y ésta maravillosa parafernalia de realizaciones se llevó a cabo en una pequeña aldea, preñada de historia y de hazañas, pero de mísero presupuesto, y en un país que todavía padecía las heridas que le dejaron la Guerra de los Mil Días y la separación de Panamá.
Ahora, en la primera década del siglo XXI, tenemos la obligación de pensar aún con más audacia, tanto en las iniciativas de orden legislativo y cultural, como en las materiales de impulso y desarrollo. Hoy voy a esbozar las primeras:
Conseguir que el Parlamento, con el respaldo del presidente Uribe, designe a Cartagena “Distrito especial autónomo”, independiente del departamento de Bolívar, con Concejo Distrital y representación propia en la Cámara de Representantes. La ciudad nombrada por la UNESCO “Monumento Universal”, con protagonismo incomparable en la historia del continente y eje del desarrollo turístico colombiano, tiene derecho a contar con sus propios voceros en el Congreso, al igual que lo otorgado a Bogotá y a las minorías indígenas y afrodescendientes. Asimismo, declarar nuevamente el 11 de Noviembre día feriado no laborable, en toda la nación.
Organizar un gran Congreso Internacional de Historia con la participación de las Academias de Historia del país y la asistencia de las Academias de Historia de las naciones bolivarianas. El certamen será coordinado por la Academia de Historia local.
Celebrar en Cartagena, en el mismo 2011, una sesión extraordinaria conjunta del Senado y la Cámara, como homenaje a la ciudad y exaltación de su sacrificio por la libertad. Y establecer en el departamento de Bolívar la cátedra de Historia de Cartagena.
Por último, para finalizar esta primera parte del programa, en homenaje a la participación de la infancia en los hechos del 11 de Noviembre de 1811, se erigirá en la Plaza de la Trinidad una escultura del niño Pablo Antonio José de Olier, quien a los 12 años, con una bandera en las manos, marchó junto con los hermanos Piñeres, los “Lanceros de Getsemaní” y Pedro Romero hasta la Plaza de la Proclamación, para exigir la firma del acta de independencia.

*Ex congresista, ex embajador, miembro de las Academias de Historia de Cartagena, y Bogotá, miembro de la Academia Colombiana de la Lengua.

academiadlhcartagena@hotmail.com

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Comentarios

Esos 50.000 habitantes

Esos 50.000 habitantes querían a Cartagena, ahora están esos 50.000 que la quieren y unos 950.000 dispuestos a acabarla. ¡es cuestión de mayorías! Esos 950.000 desconocen a propósito la historia, y en las mismas escuelas enseñan a subvertir los valores cartageneros, así que murallas, parques, casas coloniales, y todo lo que suene a pasado apreciado, será objeto de destrucción. Es la idiosincrasia champetúa.