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Centro ajeno

A propósito del debate en las páginas de El Universal acerca del destino del Centro Histórico, recordé mi asombro, hace años, al saber que en San Andrés Isla, veinte veces más pequeña que Cartagena, habitaban cientos de ciudadanos que jamás habían visitado su centro turístico.

Me contaban entonces, que en el Barrio La Loma podían encontrarse isleños raizales dedicados a sus parcelas que evitaban todo contacto con el tráfago que había invadido la isla con la declaración de Puerto Libre y la inmigración de colombianos continentales.
Creo que algo parecido sucede en nuestra “Heroica”. Muchos de sus habitantes, en especial de las zonas deprimidas del sur, jamás han tenido la oportunidad de extasiarse con la monumentalidad del Centro Patrimonial.
No se trata en nuestro caso del talante taciturno que caracterizaría a nuestros hermanos isleños de La Loma, sino de una manifestación patética de la segregación de amplios segmentos de la población, que por diversas razones encuentran sitios vedados en la ciudad.
Esto no es una exaltación ideológica sino un hecho social que constatan las estadísticas y la praxis.
La veda del Centro no sólo la han padecido los vecinos de los extramuros, sino los habitantes y comerciantes tradicionales de San Diego, La Catedral y Getsemaní, quienes por diversos procesos han sido expulsados de sus lares nativos.
En los albores de esta década fui testigo de las luchas de los sandieganos para recuperar su parque ancestral, al cual no podían acceder por la ocupación que adelantaban los dueños de restaurantes adyacentes.
Sólo una acción popular fallada por el Consejo de Estado restableció a los vecinos de San Diego su retorno al parque para gozarlo sin limitación.
Caso parecido ocurrió durante la administración Díaz Redondo, quien al cerrar el Centro bajo la premisa de implementar corredores culturales, llevó a la quiebra a decenas de comerciantes locales e incomodidad a muchos residentes para quienes era una odisea llegar a sus viviendas. Esta política inconsulta permitía como gracia especial la posibilidad de ingreso al recinto amurallado, sin limitantes, de los vehículos que transportaban turistas desde la Sociedad Portuaria. En este caso también, comerciantes y residentes acudieron a los jueces para que ordenaran la reapertura de las vías cerradas irracionalmente por las autoridades.
Los hechos acreditan que ha existido para el caso del Centro, una política sistemática que favorece una segregación real.
Hace poco la ciudad se sometió al cierre por 3 días de una de sus arterias para presenciar en concierto a D. Plácido Domingo y sentir, al menos por aquella noche fugaz, que nada debíamos envidiar a la Atenas milenaria de Pericles y el Partenón.
Valga llamar la atención acerca del nuevo proyecto de revitalización del Centro (han existido varios) que está andando sin suficiente concertación, agenciado por la fantasmal Corporación Centro Histórico, creada a la medida de los intereses de quienes pretenden profundizar los procesos de expulsión del Corralito para convertirlo de una vez por todas en el Club grande del Jet Set universal y por supuesto en plataforma esnobista de la élite local.

danilocontreras9@hotmail.com

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Comentarios

El problema es crítico,

El problema es crítico, crónico, de largo plazo y cíclicamente creciente. Las soluciones parciales de descentralización que se le han dado a la ciudad son inversamente proporcionales al crecimiento de su población y de sus actividades. Sin embargo, la Administración Pública a todos sus niveles con sus despachos oficiales y actividades judiciales ha dado un mal ejemplo sentando el funesto precedente de “quedarse para siempre” en el Centro histórico de Cartagena generando un ciclo fatal que ha provocado una implosión urbana innegable, densificando exponencialmente la población que acude día a día a la zona histórica como usuarios de la Administración Pública y de Justicia, y de sus servicios.

El Centro Histórico debe ser

El Centro Histórico debe ser exorcizado, desprendiendo y segregando de un tajo todo aquello lo ultraja y lo vergüenza. Sus actividades deben depurarse. Sus nuevos usos o actividades estarían amparados por una regulación y reglamentación de las actividades permitidas desde una visión funcional de los servicios que prestaría al turismo nacional internacional el Centro histórico.

Su vida comercial local e institucional actual debe trasladarse a una Ciudad nueva dentro de la misma ciudad de Cartagena, su Ayuntamiento, sede de sus cabildos o casas de Gobierno deben ser instaladas en plataformas urbanas de especificaciones modernas, armónicas con el desarrollo sostenible de su industria y comercio diversificado, crecimiento económico, social y medio ambiental para que se permita el ascenso paralelo al desarrollo de la actividad turística y haga posible su rescate y potencialización alrededor de la Ciudad Histórica. Metas sociales.

La permisividad de

La permisividad de administraciones que parten de los años 60s hasta nuestros días llegó al colmo de aprobar no solo la destrucción de gran parte del patrimonio histórico de la ciudad (puentes, murallas, fortines y baluartes) sino la convivencia de una mixtura y revoltijo de desastrosos estilos arquitectónicos que pervirtieron el área del Centro amurallado. Unas de esas herejías las constituyen, entre otras, las edificaciones modernas del sector La Matuna y el Centro de Convenciones Cartagena de Indias.

Desde lustros atrás estas construcciones han sido una ofensa arquitectónica a la historia de la ciudad. Una imposición desagradable e inconveniente para Cartagena. Funciona como zona sagrada intocable en perjuicio de nuestra tradición.