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El negocio de la consulta conservadora

Para un observador externo al partido Conservador resulta muy lógica y sensata la decisión tomada este semana por el directorio de esa colectividad de aplazar la consulta interna para escoger candidato presidencial que se iba a realizar el próximo 27 de septiembre, tal como ya lo había decidido el partido de la U.

Si el partido Conservador está apoyando el referendo reeleccionista, no tiene ningún sentido hacer todo el esfuerzo logístico y económico que implica una consulta para escoger un candidato propio que luego se vea obligado a renunciar cuando el partido vuelva a decidir que el presidente Uribe es quien mejor encarna los principios conservadores y le ratifique su adhesión. Más aún, quien hasta ahora era el más opcionado para ganar esa consulta, el exministro Arias, ya había declarado que si pasaba el referendo él renunciaría y se uniría a la campaña por el tercer período de Uribe.
Otro argumento que dicen que influyó en la decisión de la dirección conservadora fue el temor de sacar una votación muy inferior a la obtenida en las pasadas elecciones internas cuando eligieron los directorios regionales. Como el partido Liberal va a hacer en la misma fecha su consulta interna y sus elecciones regionales, se espera que obtenga una votación cercana a los 2 millones de votos, lo cual dejaría a los conservadores con una comparación muy desfavorable.
Ante estos argumentos tan claros y convincentes resulta extraña, por decir lo menos, la fuerte reacción del precandidato Arias en contra de la decisión de su partido, pues el exministro se vino lanza en ristre y calificó el aplazamiento de lo consulta como un acto “irregular y politiquero”, e inclusive amenazo con demandas judiciales contra los directivos que votaron a favor del aplazamiento. Hasta ahora no se ha retractado de estas declaraciones, ni ha dicho que son un chiste, como dijo de los mensajes cruzados con el secretario de la Presidencia en los que confesó que por la reelección de Uribe tenía que usar “estrategias bajas”.
¿Por qué un político que quiere que Uribe sea candidato, y está presionando a los congresistas para que apoyen el referendo reeleccionista, quiere que haya una consulta que no serviría de nada pues si se la gana tendría que renunciar para apoyar a Uribe? Hay varias explicaciones posibles, pero tal vez la más acertada es que la consulta es un jugoso negocio en el que se pueden ganar miles de millones de pesos que saldrían del bolsillo de los contribuyentes.
En efecto, por sólo participar en la frustrada consulta conservadora Arias tendría derecho al dinero de la reposición, es decir a la plata que el Estado le devuelve a los candidatos por los votos obtenidos, de manera que si hubiera sacado 400 o 500 mil votos recibiría unos 1.500 millones de pesos. Y ahora Arias necesita con urgencia esos milloncitos porque ya no tiene todo el presupuesto del ministerio de Agricultura para hacerse campaña (aunque el partido de la U y sus mismos copartidarios conservadores han denunciado a quien lo reemplazó en el ministerio porque continúa en las mismas).
Con la acertada decisión del directorio conservador se evitó una trampa y un asalto a los recursos públicos, pues es una verdadera estafa hacer la pantomima de una consulta interna para obtener el dinero de la reposición, y al mismo tiempo apoyar la reelección de Uribe.
* * *
También fue un acierto el esfuerzo del presidente Uribe de visitar a los presidentes latinoamericanos y asistir a la cumbre de UNASUR a explicar el asunto de las bases norteamericanas. Lástima que no haya hecho el mismo esfuerzo de explicarlo al Congreso y al Consejo de Estado. Aunque sea por cortesía, ya que el mandato constitucional de hacerlo parece no importarle mucho al presidente.

mcabrera@cabreraybedoya.com

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