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El sentido de lo justo

Independientemente de lo que digan las leyes, el hombre tiene un sentido propio de lo justo, del cual, estas, no hacen más que registrarlo por escrito de manera siempre incompleta e imperfecta.

Ese sentido superior, no lo dudo, es parte importantísima de la convivencia social.
No hay instrumento más poderoso (además de la lógica argumental y el sentido común) que el reclamar justicia (por ejemplo, exigir ser tratado conforme se ha procedido en casos similares) porque el individuo –salvo excepciones patológicas- no puede actuar de manera injusta cuando juzga a sus semejantes; y si lo hiciere, un sentimiento de culpabilidad se encargará de reclamárselo. En otras palabras: el hombre es justo por naturaleza, y cuando no, algo esta fallando.
Dos de los principios sobre los que descansa el sentido de lo justo, son: el no hacer a otro lo que no queremos que nos hagan, y el ser juzgado igual a los demás en condiciones similares: la opinión sobre los otros, en sí, ya es un juicio.
Algunos individuos van más allá; reaccionan a favor de la parte vulnerada; protestan, se exponen y asumen riesgos para evitar o corregir lo incorrecto; no obstante la gran mayoría permanece silenciosa (cómplice, si se quiere) ante las injusticias que se cometen sobre los demás.
Lo que sucede es que, contrario a la educación patriarcal y monoteísta que se nos imparte desde la edad temprana, y que va formando en el subconsciente la imagen de un ser superior, objetivo, equilibrado y justo, que juzga nuestros actos (los padres en la infancia y dios en cada una de las religiones), la organización social -ante el derrumbe de ambos paradigmas- resuelve los conflictos mediante el enfrentamiento de fuerzas e intereses, bajo el criterio de que la mayoría (esa es la democracia) es poseedora de la justicia y la verdad. ¿Quién si no, ante la pérdida total de valores que corroe la sociedad?
Si bien se pudiera argumentar –para controvertir lo anterior- que los juzgados y tribunales de justicia, son el espejo de ese ser superior objetivo, equilibrado y justo que cada uno busca en la solución de sus conflictos, lo cierto es que alrededor de ellos están actuando siempre esas fuerzas exógenas, cuando no los sentimientos y las emociones que desfiguran la justicia.
Sin perder de vista que también mediante esa confrontación de fuerzas sociales, políticas y económicas, es que se va construyendo todo el andamiaje jurídico que los juristas aprenden y aplican. Muchas veces olvidando el principio superior que le dio origen (el espíritu de la ley); que no es más que ese concepto de lo justo, de lo debido, de lo socialmente conveniente, que los pueblos han construido en siglos de existencia.
Y extraviados en esa selva de información legal, los seres humanos han ido perdiendo el sentido de lo justo; lo confunden con lo legal; han olvidado que la ley puede ser injusta, y en ocasiones lo es. Y entre lo justo y lo legal, cuando entran en conflicto, como sucede en muchas circunstancias, debería primar lo primero.
Valgan estas reflexiones, para despertar similares en quienes en el macro o micro ordenamiento social, deben cumplir la función de jueces. Y en quienes se autoerigen en jueces de los demás, o circunstancialmente lo son.

*Ing. Electrónico, MBA, Ex Superintendente (Pensionado) Electricaribe.

myances@msn.com

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