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Fútbol: de la pasión a la estupidez

Vibrar de emoción con las jugadas, sentir la adrenalina en cada pase, contagiarse del entusiasmo colectivo y estremecerse con la celebración del gol, son algunas de las pasiones que del fútbol. Por lo menos eso buscan en las graderías de los estadios.

No obstante, el deporte de las multitudes terminó llevando a los escenarios las bajas pasiones humanas, propiciando una conjugación de delirio y dolor. Es casi “normal” que las jornadas futbolísticas sean alternadas con violencia por parte de jugadores, árbitros, técnicos, directivos, o público, y que se prolongue mas allá de los partidos y por fuera de los estadios.
Ir a un partido de fútbol se asemeja a ingresar a un terreno minado, con pocas probabilidades de salir ilesos. En muchos casos los padres de los jóvenes padecen su ausencia, como si hubiesen salido hacia un campo de batalla y sólo paran de rezar cuando los ven regresar.
La frontera entre la celebración y la tragedia es muy pequeña en los triunfos futbolísticos. Los festejos por el éxito de un equipo nacional o local suelen terminar con desmanes, muertos o heridos, por cuenta de la “emoción” colectiva.
Si ello ocurre con la celebración de triunfos, ¿qué se puede esperar con las derrotas? La pérdida de un campeonato, en cualquier orden de importancia, puede conllevar a las consecuencias más dramáticas. Pareciera que el fútbol causara algunos efectos neuronales a partir de los cuales se pasa de la emoción a la estupidez, con mucha facilidad.
Lo ocurrido con el jugador del Júnior de Barranquilla, Javier Flórez Valóyes, convertido en homicida de uno de sus ex seguidores en Barranquilla, muestra la intolerancia desbordada por parte de fanáticos incapaces de aceptar que la derrota es una opción deportiva, y la falta de ecuanimidad o madurez de un joven, que por lo absurdo del deporte, pasó en cuestión de horas de ídolo a bufón.
El técnico colombiano Francisco “Pacho” Maturana se hizo controversialmente célebre por la frase “perder también es ganar”, pero poco reconocimiento ha tenido otra expresión de su autoría: “el fútbol es un deporte en el que no está en juego la vida”. Hace falta posicionar esa frase con mayor fuerza que la primera, para no seguir perdiendo vidas en el fútbol y evitar que termine parodiando el slogan de las fiesta brava: “gramilla, sangre y gol”.
A los directivos del fútbol en Colombia y a las autoridades, corresponde insistir en acciones para recuperar la paz en los estadios y el honor del deporte. En las ciudades con equipos profesionales se deberían incentivar campañas de recibimiento y acogida a deportistas y aficionados visitantes, por parte de los locales, en procura de comprender que los rivales en el fútbol no son enemigos.
En buena hora la Escuela de Gobierno y Liderazgo del Distrito, emprendió una jornada de sensibilización con las barras del Real Cartagena, para hacer de los estadios escenarios de reconciliación. Ante tanto espectáculo degradante que hoy ofrece el fútbol y la amenaza que representa, conviene una alta dosis de cultura ciudadana y de protección.

*Trabajador Social y Periodista; Candidato a Magister en Lingüística; catedrático Universidad de Cartagena; Consultor en comunicaciones.

germandanilo@hotmail.com

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Comentarios

Algo tiene el fútbol en su

Algo tiene el fútbol en su esencia que embrutece a los hinchas. Esto es un fenómeno mundial. Deberian aprender de los fanáticos del béisbol, no sólo en los Estados Unidos sino en cualquier diamante del mundo. Las personas van a disfrutar del partido y son conscientes que ellos como espectadores no pueden influir en el resultado. Van por la estética y la adrenalina del juego y por acompañar a sus equipos. Y el que se salga de la ropa ya sabe que no lo dejan entrar más al estadio, al menos en la MLB. Excelente nota Germán Danilo...de 10 puntos.