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La lección de Mockus

El martes por la tarde, en la abarrotada Plaza de la Trinidad de Getsemaní, Antanas Mockus hizo una exhibición sencilla de pedagogía ciudadana. Habló de la ética, de la vida, de la legalidad, de la confusión que, de buena fe, nos hace caer en tremendos errores e injusticias irreparables.

Esa tarde recordé al hombre que empezó a gobernar Bogotá introduciendo un elemento nuevo en la política colombiana: la educación ciudadana. Se llenó de símbolos y los propuso para que los adoptáramos en nuestra vida cotidiana. Nos hablaban de lo correcto y de lo incorrecto en las cosas más sencillas.
Como lo acaba de escribir el novelista bogotano Mario Mendoza, Mockus propuso “intervenir directamente la cultura y crear un cambio de mentalidad para que no sea aceptable, bajo ninguna circunstancia, la violación de algunos principios básicos, como el respeto a la vida y el respeto a los recursos públicos. A esto se refiere (…) cuando propone crear tabúes de manera que robar o matar sea igual de feo que pegarle a la mamá.”
Esos símbolos nos proponían fórmulas de convivencia y métodos para desactivar la carga de violencia y desconfianza que arrastramos, muchas veces sin saberlo. Mockus puso en práctica un sentido de la autoridad muy sencillo: te enseño lo que es correcto o incorrecto pero eres responsable del premio o la sanción. Pero además de la sanción legal, es necesario que exista la social: que los ciudadanos también condenen las violaciones de leyes y normas. De allí la tarjeta con el pulgar hacia abajo o hacia arriba.
El alcalde de Bogotá no nos hablaba de izquierda o derecha sino de organizar creativamente la vida de la ciudad y procurar la armonía dentro de las diferencias. Decía y hacía cosas incomprensibles para muchos, pero la ciudad que gobernó fue mejor para los ciudadanos y los alcaldes que vinieron después. Esos son los alcaldes que hoy lo acompañan en su candidatura presidencial.
Acaba de sellar una alianza con Sergio Fajardo. Quiero entender que, desde las experiencias de dos magníficos administradores, que no arrastran la carga de la corrupción ni el descrédito de la politiquería, la política nacional cambia de lenguaje y de intenciones.
Pienso que los ciudadanos honestos no deberían preguntar “¿qué nos vas a dar si te damos el voto?” sino: ¿qué le vas a ofrecer al país cuando te elijamos?” Estoy seguro de que la respuesta del pedagogo Mockus sería más sencilla de lo que piensas.
Te respondería: “No lo voy a hacer solo; necesito de ti, de tu fuerza de trabajo, de tu honradez, de tu sinceridad y de tu deseo de cambiarle el rumbo de esta nave, arrastrada al naufragio por la corrupción, la ilegalidad y la violencia.
Creo que ha llegado la hora de los jóvenes, escépticos y abstencionistas. Gracias a ellos se consiguió que la Séptima Papeleta fuera el comienzo de la Constituyente y ésta el escenario donde se redactó la Constitución de 1991. Asqueados de la politiquería y la corrupción, los jóvenes que se han abstenido de votar tienen ahora la oportunidad de hacerlo por una propuesta nueva y creativa.

*Escritor

salypicante@gmail.com

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