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La magia de Vargas Llosa

“Al César lo que es del César”, como se lee en el Evangelio. Por eso hay que reafirmar que el auténtico creador del “realismo mágico” que se convirtió, a nivel hemisférico, en el mayor éxito literario de la segunda mitad del siglo XX, fue el mejicano Juan Rulfo, quien, en su inolvidable “Pedro Páramo”, puso a hablar a los muertos desde la tumba e hizo caminar la sombra de sus difuntos.

En el cúmulo de magníficas producciones que nacieron, al amparo del triunfal estilo, con Nobel en el elenco, se encuentra la obra de Mario Vargas Llosa que se extiende, con vigoroso acento, en distintos temas, entre los que utiliza y mezcla con maestría el sexo y las dictaduras. El Caribe se convirtió en uno de los escenarios del consagrado escritor peruano.
Entre 1930 y 1961 Rafael Leonidas Trujillo Molina, como omnipotente jefe del gobierno dominicano, se erigió en ejemplo sin precedentes de crueldad, de irrespeto sin tregua a los derechos humanos. Vargas Llosa se ocupó del reyesuelo tropical en un libro alucinante que mezcla el preciosismo literario con el conocimiento minucioso del tema y la amenidad de una narración que atornilla al lector desde la primera página, sin devolverle el resuello hasta el último párrafo. En el relato se entrelazan el rigor de la investigación con la crudeza de las descripciones. Que sin llegar a la obscenidad repelente o a la pornografía vulgar dibujan con precisión una época sombría de la historia del Caribe.
“La Fiesta del Chivo”, novela de singular maestría, es la obra mejor lograda que se ha escrito sobre las dictaduras en América Latina. Una región que ha sido pródiga en arbitrariedades y tiranías, como quiera que, en un gran trecho de su aventura, han proliferado los déspotas y caudillos que desde José Gaspar Rodríguez de Francia, en Paraguay, cuando apenas amanecía el ochocientos, hasta Fidel Castro en Cuba, se han sentido elegidos por la providencia.
La historia de “nuestra América”, como solía decir José Martí, está signada por los dictadores, y su literatura se halla pletórica de su vida y sus hazañas. Pero tal vez ninguna de las satrapías del continente llegó al desprecio del ser humano y al irrespeto a la mujer sin consideración de edades o de condiciones. El caso más estremecedor, según Vargas Llosa, es el de “Uranita”, primogénita de un ex ministro que ocupaba la presidencia del Senado, pero quien, caído sorpresivamente en desgracia, la envió como presente al viejo rijoso como prueba de su lealtad ilimitada. Pero la vida le deparó la peor de las vergüenzas al anciano lascivo que, tembloroso e impotente, se tuvo que limitar a rasgar con sus dedos la virginidad de la criatura, mientras sollozaba y se estremecía abochornado, en medio de su arrebato de “arrechera” senil.
Los mejores relatos de Vargas Llosa son los que se basan en hechos históricos. Entre ellos los más conocidos y los mejor logrados, antes del “Chivo”, son “Pantaleón y las visitadoras” y “La Guerra del fin del mundo” que refiere el drama de los “Sertanejos”, en el nordeste de Brasil. Pero la obra sobre Rafael Leonidas Trujillo supera a todas las otras. Y, tal vez, es la más perfecta y acabada que se ha escrito sobre las dictaduras americanas, hasta rebasar a novelas, ya sacralizadas, tales como “El Otoño del Patriarca” de García Márquez, “Yo, el Supremo” de Roa Bustos, “Señor Presidente” de Miguel Ángel Asturias, “En la casa del pez que escupe el agua” de Herrera Luque, fresco iluminado de la época de Juan Vicente Gómez, y “El Cóndor de los Andes” de Rourke, que se ocupa del mismo tema.

*Ex congresista, ex embajador, Miembro de las Academias de Historia de Cartagena, y Bogotá, Miembro de la Academia colombiana de la lengua.

academiadlhcartagena@hotmail.com

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