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Las caricias

Apenas somos conscientes del rico y maravilloso potencial que encierran las caricias, porque la piel es el primer punto de relación con nuestro entorno y con los demás.

Ostenta ser el más antiguo y sensible de nuestros órganos: aparece antes que los demás en el embrión humano, cuando aún no se han cumplido las ocho semanas. La piel está llena de millones de receptores de calor, dolor, y placer, intensidad, y equilibrio… Todos ellos en alerta permanente para captar estímulos procedentes del exterior.
A través del contacto físico obtenemos y trasmitimos placer, seguridad, comunicación y una clara aproximación física y mental al mundo. Es algo tan necesario como la sed, el hambre o el sueño. Para que un niño pueda desarrollarse física y mentalmente requiere de estímulos táctiles, sobre todo los de su propia madre. Sabemos perfectamente las consecuencias graves que le puede traer la ausencia de caricias.
La caricia suaviza y mejora las relaciones entre humanos. Es una forma de comunicación más acertada que la verbal. La caricia, primitiva y espontánea, supera la más refinada elocuencia. Las palabras pueden mentir, pero la piel no engaña. Por otra parte, el tacto nos permite combatir una sensación que perturba al hombre: la soledad.
En mundología, literatura y siquiatría han teorizado sobre el arte de tocar y ser tocados. La cariñosa dependencia de animales domésticos puede ser el intento de una sustitución de caricias y calor humano; unas mascotas que suelen ejercer simpática tiranía.
Observamos cómo en nuestro mundo hay una inmensa falta de ternura, lo que genera una fuerte insensibilidad hacia los valores más nobles de la humanidad. Así mismo muchas enfermedades no son sino el fiel reflejo de la angustia y la complicación afectiva. Muchos sentimientos de frustración tienen necesidad de llamar la atención. La urgencia reprimida de amor se refleja muchas veces en alteraciones cutáneas evidentes.
La piel expresa sentimientos, satisfacciones y angustias. El candor pueril y el rubor de los adolecentes. Los ancianos en ella confesamos experiencias. La piel delata el estrés y no puede ocultar problemas de salud.
Pero ternura no equivale a debilidad o amaneramiento. Hasta las fieras se acarician. Poco importa lo que piensen los demás a la hora de dar caricias, ternura o mantener ese contacto cálido y afectuoso que tanto nos ayuda a vivir.
Esto de las caricias se extiende hasta la sensación de tranquilidad que produce estar dentro del mar, o la pasión por las caricias solares, con frecuencia acompañadas por pestilentes ungüentos protectores.
El tacto y las caricias son muy importantes en múltiples aspectos de la vida, sin que tengan que ver exclusivamente con la relación sexual, como exageran algunos. ¿Quién no conserva para siempre en el altar de los recuerdos la caricia de su madre? Al lado de los bellísimos momentos del amor, también está el beso sensiblero que se les da a los nietos.
Si con estrecharse las manos comenzó la civilización, las caricias pueden corregir en algo las deformaciones egoístas y reducir la agresividad que abunda en este sistema salvaje del más fuerte.
“Acaricia mi ensueño”, comienza un bello tango que nos acompaña en las telarañas de la memoria.

*Abogado, Ex Gobernador de Bolívar y Ex parlamentario.

augustobeltran@yahoo.com

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